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sábado, 21 de noviembre de 2009

Parque nacional de NUUKSIO, Finlandia



Le había comentado a Markus, mi anfitrión helskinense, mi decisión de no ir a Laponia por no coincidir las variables Tiempo-Dinero –en este caso, ni una ni la otra-.

-Para ver bosques y lagos no hace falta que te vayas al Círculo Polar, toma un bus a Nuuksio.
- ¿Qué es eso?
-Es un parque natural que se encuentra a sólo media hora de Helsinki, seguro que te gusta. Llévate algo para comer y antimosquitos, que aquí ya habrás notado que son como diplodocus.

Efectivamente, en verano hay muchos mosquitos en Finlandia. Pero también hace muy buen tiempo y apetece disfrutar de la naturaleza. Me compré un ticket de bus a Espoo, y de ahí tomé el 85 a Nuuksiopää. Ya por el camino se veían muchos lagos y pinares, en realidad no hacía falta llegar hasta Nuuksio para conocer el paisaje. Una vez ahí, cogí de la oficina de información un mapa en el que se indicaban las rutas recomendadas. La amarilla, la azul y la roja; cada una de mayor o menor longitud –todo muy bien indicadito-.




Por el parque había carteles repartidos que indican los kilómetros de ditancia entre el punto en el que me encontraba y los distintos lagos, los finales de las rutas. Vamos, que era imposible perderse (de día).



Colinas rocosas cubiertas de líquenes, pinares, lagos o zonas pantanosas. Tantos hábitats diferentes hacen que el parque natural sea el lugar de muchos animales y plantas, incluyendo docenas de especies raras y en peligro de extinción. Las ardillas voladoras son el animal más popular de la reserva, aunque yo no vi ni una. Lo que sí que me encontré a pares, fueron setas de todos los colores, y eso que estaba en agosto.




También había repartidos por el recinto varios refugios para cocinar y hacer fogatas. Recomiendo este parque natural a quién vaya unos días a Helsinki y tenga ganas de descubrir por qué Finlandia es El país de los lagos.
¡Kiitos, Markus !

sábado, 14 de noviembre de 2009

ISLA SUOMENLINNA, Finlandia



Al considerarse la isla de Suomenlinna parte de la ciudad de Helsinki, se puede viajar hasta ella tomando un ferry habitual (unos 4€ ida y vuelta). Durante la escasa media hora que dura el trayecto, se pueden ver otras islas más pequeñas con enigmáticas casas solitarias, así como unas vistas de la bahía de Helsinki. La plaza en donde se encuentra un mercado sami y tenderetes de souvenirs.


Suomenlinna es un grupo de islas unidas por puentes, muy importante para los finlandeses. Aquí se forjó parte de la historia de Helsinki: en 1748 los suecos construyeron esta fortaleza incluida en el Patrimonio Mundial de la Humanidad para defenderse de los rusos, aunque a éstos poco les obstaculizó la fortaleza para vencerles. Como curiosidad, antes se llamaba Viapori (fortaleza sueca) y actualmente su nombre es Suomenlinna (fortaleza finlandesa), desde que Finlandia se independizó de Rusia.

El lugar está lleno de túneles, con paredes de piedra de un gran grosor y pequeñas ventanas, todas las islas están amuralladas para evitar qué los ejércitos enemigos pudieran situarse en alguna otra isla y atacar desde ahí. Los cañones apuntan en todas las direcciones y se puede ver que no escatimaron en su tamaño. Cada cañón cuenta con su propia armería que son las casas estilo Hobbit que ven en la foto, hoy en día se puede hacer de todo ahí hacer un picnic, nadar en la playa o simplemente echarse una siesta en los jardines.
Es un barrio sin pavimentar y con casas estilo nórdico, rodeado por agua.


Cerca del puente que une las dos islas principales, Iso Mustasaari y Susisaari está el centro de visitantes de la Cámara del Inventario, donde facilitan información turística y planos, y organizan visitas guiadas a pie en verano. El mismo edificio alberga el Museo de Suomenlinna, donde se explica la historia de la isla.



Pues bien, hacía diez minutos que había llegado a la isla, la estaba recorriendo despacito, manteniendo una conversación interna, propia de cuando una lleva sola bastante rato. ¿Por qué no sabemos mantenernos "callados"?
Pero una voz me interrumpió:
- Perdona, ¿podrías sacarme una foto? -me preguntó una chica de mi edad, que llevaba un camarón profesional colgando del cuello.
-¡Vale!
A partir de ahí nos recorrimos juntas la isla pues teníamos varias casualidades en común:
-Las dos estábamos viajando solas.
-Las dos nos estábamos alojando vía couchsurfing.
-A las dos nos alojaba un helskinense llamado Markus.
-Nuestro futuro se encuentra entre el signo de interrogación y los puntos suspensivos.

La diferencia es que ella era húngara y le apasionaba Finlandia, por eso estaba estudiando finés, un idioma difícil (como el húngaro) que sólo lo hablan 5 millones de personas. Dice que su padre le había aconsejado que aprendiera español, que es más útil, pero que claro; si quería quedarse a vivir en Finlandia, tenía que aprender el idioma.
Razón no les falta a ninguno de los dos.

Muchos turistas llegaron a la isla ese día con el fin de sacar unas fotos, dar un agradable paseo y volver a Helsinki. Nadie haría nuevas relaciones.
En realidad nosotras tampoco. Estuvimos manteniendo conversaciones tan agradables como banales, pero no nos dimos email, facebook ni ningún sistema de contacto.
En cambio, nos hicimos una foto la una a la otra para acordarnos de que las casualidades existen, de que siempre hay gente en una situación parecida a la nuestra, caminando por la misma isla.

sábado, 7 de noviembre de 2009

HELSINKI, Finlandia


Me despedí de Tallin, tomando un barco hacia Helsinki con la compañía Tallink. El barco zarpa a las 17.30 de la tarde.

Me acomodé en la cubierta y conocí a un portugués que se llamaba José. Me contó que se había enamorado de una chica de Riga. Que estaba incluso dispuesto a mudarse a la capital letona. En cambio, la moza le había dicho que ya había tenido una relación a distancia y que no quería volver a repetir aquella experiencia. José estaba realmente obsesionado por la letona, decía haber encontrado por fin a La mujer. También me contó que había cambiado su itinerario de viaje por ella.
El amigo de José dormía como un tronco.
Creo que cuando un pensamiento te ronda la cabeza constantemente y no tienes con quién hablarlo, se lo cuentas a cualquiera (me dijo que su compañero siempre se dormía). En ese caso fui yo la que estuve las 2,5 horas del viaje escuchando su culebrón.
A ver cómo acaba la historia, me pareció que no pintaba muy bien...


Llegué a Helsinki y me agencié con un mapa de la ciudad, me alegré de ver que la calle Hietamientaku estaba bastante cerca del puerto. Ahí vivía Markus, el chico de couchsurfing que me iba a hospedar unos días. Hacía calor y estaba cansada, así que me paré a descansar en un parque –un cementerio, en realidad-.



Markus vivía en una residencia de estudiantes, que en verano se convertía en un hostal para viajeros.
Subí a su habitación y me saludó efusivamente en un perfecto español. Le obsequié con jamón serrano, pero una vez más me había buscado un couchsurfer vegetariano (es la 4ª vez que me ocurre), saqué el plan B: Vodka de Estonia. Como en Finlandia el alcohol es muy caro, sí que fue bienvenido; por ejemplo, una cerveza en el supermercado cuesta 2€. Los impuestos del alcohol son muy altos para que la gente no beba tanto, medida que no funciona.
Markus venía de hacer yoga y estaba leyendo una guía de viajes de la India. Le pregunté si había ido a la India y me contestó que no, pero que estaba organizando un proyecto para estudiar sus recursos junto con una empresa finlandesa y poder ayudar en lo que vean necesario. Le conté muchas cosas de la India, incluido lo caótico del país. Esto último le fascinó. Me dijo que Finlandia era demasiado organizado, que estaba todo hecho y no se sentía útil; que por eso lo iba a pasar bien en la India.
Me contó que llevaba varios años viajando a Brasil –excepto en verano, que vivía en Helsinki-. Por eso hablaba portugués. Es curioso ver a un finlandés hablando portugueish do Brasiu.
Me explicó que Brasil es lo contrario a Finlandia. Ahí, la gente está siempre en la calle, hay mucho contacto físico y siempre se acoge bien al que viene de nuevas.
En cambio en Finlandia la gente ni se saluda por los pasillos o los ascensores de la residencia, les cuesta socializar y cuando alguien llega nuevo, se le ve como una amenaza para el grupo. Además, el 50% de las mujeres entre 18 y 26 años toman antidepresivos. Estamos de acuerdo en que deberían recetar viajes a Brasil en vez de drogas.
Vivió en Río y en pleno Amazonas. Me contó que admiraba a su gente. Tenían mucho silencio y maneras diferentes de comunicarse y entender el mundo. Se sentían parte de la naturaleza y no un usuario de ella.
“Qué interesante es hablar con Markus” –pensé-.
También me relató alguna anécdota como que le propusieron hacer de Jesús en una obra teatral. ¿Por qué tienen una idea de Jesús como un tío rubio de pelo largo?, ¡Eso es imposible!- me dijo.

Al rato llamó alguien a la puerta, era un francés, también de couchsurfing. Glaciólogo que estudiaba el cambio climático.
Como curiosidad; Markus había tenido una experiencia chamanística en el Amazonas en la que se vio como el hombre de hielo, motivo por el que aceptó de inmediato la solicitud del francés.

Le pregunté por qué hay tantos somalíes en Helsinki.
Es una de las mayores minorías en Finlandia. Había muchos refugiados somalíes en Rusia, pero cuando cayó la URSS, no tenían suficientes recursos para que estuvieran allí. Por esa época llegaron a Finlandia trenes y trenes llenos de somalíes.

-Mira por la ventana, ese señor lleva meses sentado solo en ese banco. Me parece un ejemplo de la diferencia cultural, él seguramente es somalí y ellos siempre aprovechan más los espacios públicos como los parques, nosotros nos quedamos en nuestras saunas.

Nos fuimos los tres al sótano. Cuando los estudiantes dejaban la residencia, aquí se almacenban los objetos que éstos habían dejado. Me agencié un gorro muy calentito y una cazadora. ¡Había hasta un piano!
Nos pusimos a jugar a un futbolín que algún estudiante había abandonado. Era como estar en un mercadillo, pero gratis.
También subimos al tejado para ver Helsinki de noche.

-Mira, ahí actuará Madonna el jueves, yo lo escucharé en la otra orilla del río, que paso de pagar entrada.

Me doy cuenta de que Madonna y yo llevamos la misma ruta.

-Qué suerte habéis tenido con el tiempo, este calor sólo lo hace dos semanas al año.-Nos dijo Markus.

Al día siguiente me fui a ver la ciudad mientras él estaba en la biblioteca. No hay mucho que ver, es una ciudad pequeña, sólo 560 000 personas viven en ella. Es de esperar, pues aunque Finlandia sea un gran país en cuanto a extensión, sólo tiene 5 millones de habitantes. La mayor parte del territorio está despoblado y cubierto de bosques y lagos; lo que le ha dado el apodo de “El país de los lagos”.



-Kauppatori, un mercado en el puerto en el que encontrar productos samis, puestos de comida y desde dónde se toma el ferry a la isla de Suomenlinna, a la que le dedicaré un post aparte.




-Junto a Kauppatori, la catedral ortodoxa Uspenski. Está construida con ladrillos rojos y tiene 13 cúpulas doradas que representan a Jesús con sus discípulos.



-Senaatintori o Plaza del Senado, cuyo monumento más destacado es la catedral luterana Tuomiokirkko.




Junto a ésta vi un cartel que mezclaba Helsinki con Pamplona utilizando el Tuomiokirkko y los toros. Alucinógeno.




-La avenida Esplanadi, llena de cafeterías, bandas de música, etc. Mirad que serias están las finlandesas con las que me topé.



-Kiasma, el Parlamento y Kansallismuseo o Museo nacional.



-Un paso de cebra curioso.


-La Agricola Church, y cerca de ella, un mercadillo en el que la gente había vaciado sus trasteros para ganar unos eurillos.




- El Kaivopuisto Brunnsparquen.


Aquí se encuentra el mayor número de barnaclas cariblancas, un ave que se ve por Helsinki campando a sus anchas. Perdonad mi ignorancia, en el momento de hacer el vídeo no tenía ni idea de qué tipo de ave me había encontrado. En el colegio deberían enseñarnos más sobre aves y árboles, que luego no salimos del gorrión y la paloma; el pino y la palmera.





Este parque tiene varias hectáreas, y cada verano es un punto de reunión de los habitantes de la ciudad en donde se organizan picnics, y eventos deportivos. Además cuenta con el observatorio de la Ursa, una asociación finlandesa de astrónomos.





Al sur del parque se encuentra el Mar Báltico; mientras que al norte zonas residenciales, en donde se encuentran numerosas embajadas extranjeras. Me di un paseo por esta tranquila zona en la que los jardineros me saludaban con una gran sonrisa.




El tercer día, me fui al parque nacional de Nuuksio porque me lo recomendó Markus –no salía en mi guía-. Me dijo, "si quieres ver paisajes típicos finlandeses, basta con que tomes un bus y en media hora estarás entre bosques y lagos". A este lugar también, le dedicaré otra entrada.
Me había avisado de que ese día llegaría a las dos de la noche y me dejó las llaves por si quería salir por la noche.
Tras siete horas caminando por Nuuksio, volví a Helsinki y sorprendentemente no estaba cansada, el buen tiempo y el aire limpio me habían sentado bien.


Bajé al patio a leer un periódico que me encontré y había mucha gente joven, pues como ya he dicho, esta residencia de estudiantes, en verano acoge viajeros.
Un italiano llamado Emiliano –más bajo que yo aún- me dijo que estaba viajando sólo y que el somalí del banco era compañero suyo de cuarto. No sabía cómo se llamaba ni a qué se dedicaba.

-Ese tío me ha dicho que precisamente por eso no le gustan las personas, porque hacen muchas preguntas. Lo peor de todo es que huele a rayos- Comentó el italiano.

Vaya suerte de compi.
Los dos llevábamos un itinerario muy parecido (como Madonna). Decidimos ir a tomar algo por ver qué se cuece en Helsinki de noche pero no con muchas pretensiones, por lo caro que son las cosas.
Cuando salimos del hostal, vimos a su compañero de cuarto tomando fotos de un coche de policía; raro, raro, raro…
Probamos suerte en algunos de los bares de estudiantes cercanos a la estación. Nos pedimos una cerveza y sólo nos costó 1,80. ¿Qué barato para ser Finlandia, no?
Pues no, se trata de una cerveza que casi no tiene alcohol. La normal cuesta más.
Después fuimos a la zona norte y Emiliano me maldijo por hacerle caminar tanto –no suelo utilizar el transporte urbano, porque el camino ya me parece interesante-. La zona de Kallio es más barata pues se conoce, o bien por ser la zona bohemia, o por ser un barrio de mala muerte. Esto último no nos lo pareció en absoluto, será que cualquier barrio de una ciudad española o italiana tiene peor aspecto que una mala zona de Helsinki. Aquí pudimos tomarnos algunas cervezas a precio normal pero cerraron muy pronto, hacia las dos.


Por el día se pueden visitar galerías de arte en Kallio y respirar un ambiente menos pijo que en el centro.
Vamos, que en Finlandia “hay de to”.