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miércoles, 22 de septiembre de 2010

BAKHCHISARAY, Ucrania



Esta es una historia de cómo la combinación entre unos malentendidos lingüísticos y la maldad de una persona, hizo que apareciéramos abandonados en medio de la planicie ucraniana.
Pero eso es adelantarse a los acontecimientos; comenzaré por el principio.

Una excursión típica de los viajeros que se dejan caer en Sebastopol es el pueblo tártaro Bakhchisaray, a una hora en tren o en bus (0,50€).
Bakhchisaray significa “Palacio con jardines”. En 1532 se convirtió en la capital del kanato de Crimea y el centro de la vida política y cultural del pueblo tártaro de Crimea hasta la deportación de 1944.

El 90% de los tártaros de Crimea vivía en Uzbekistán hasta 1989. Hoy en día, unos 250.000 tártaros de Crimea viven en Crimea, unos 24.000 en Rumanía y otros 3.000 en Bulgaria.


-Hansaray o Palacio del Khan (1,5€): El Palacio Bakhchisaray es el principal monumento histórico de la época del kanato de Crimea, la única muestra que queda de la arquitectura palaciega tártara de Crimea. He leído que el Palacio del Khan es uno de los tres palacios musulmanes que se encuentran en Europa, siendo los otros el palacio de Topkapi en Estambul y la Alhambra en España. ¿Y el palacio de la Aljafería qué es?
En estos momentos está en proceso de incluirse en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.


- Monasterio de Uspensky (bus de línea hasta la última parada, 0,20€). Esta pequeña y bonita iglesia fue probablemente construida por monjes bizantinos en los siglos VIII y IX. Celdas encaladas para los monjes, una fuente de la curación, y mosaicos de azulejos se incrustan dentro de la roca. Da un poco de agobio, sobre todo si te fijas en lo finas que son las columnas.
Cómo no, los soviéticos cerraron el lugar, pero ha vuelto a estar operativo desde 1993.
No permiten sacar fotos, así que estas las he robado; y la última, la del rostro en la piedra, me la hicieron borrar (no pensaron que a lo mejor había tirado dos fotos). Debería haber una opción en la cámara para guardar una foto mientras se lee “Delete” para que se piensen que estás borrando.
Aunque en este caso, un señor que pasaba por ahí le confirmó al guardia que “Delete” significaba “borrar” ante la mirada desconfiada que me estaba propinando -y con razón-.


-Seguimos caminando aproximadamente un kilómetro y medio por un camino lleno de tenderetes de souvenires y llegamos a las cuevas Chufut-Kale que se encuentran sobre un desnivel de 200 metros de altura. Esta fortaleza fue establecida alrededor de los siglos VI y VII como baluarte bizantino.
Es curioso explorar las cuevas que se comunican también de arriba abajo por medio de agujeros en el suelo.


Caminando durante unos minutos por un sendero que hay detrás de las cuevas, llegamos a un acantilado que me dio bastante vértigo y… ¡Cuidado, hace mucho viento!
Podéis verlo en 360º.


Breve inciso: “mientras escribo, veo que Jarris, mi compañero de viaje está conectado al chat de Facebook. Le pregunto qué puedo contar sobre Bakhchisaray en el blog.
Además de lo ya relatado, menciona algo que le llamó profundamente la atención: un pelirrojo en bici. No porque fuera en bici, sino porque no habíamos visto ningún pelirrojo durante quince días entre la homogénea gama de cabellos ucranianos.
Chorradas aparte, me dice que fue casi más importante el viaje que la estancia, pues la vuelta fue toda una odisea, un descubrimiento de nuevas rutas. Allá voy.


Después de coger un minibús a la estación de tren de Backchisaray, le preguntamos a la taquillera por el tren a Sebastopol. Cabe recordar que aquí nadie habla inglés, español o alemán. Hay que conocer el alfabeto cirílico y llevar un bolígrafo a mano, para facilitar la comunicación a modo pictionary (menos mal que los números son iguales a todas partes). Nos señaló hacia fuera y supusimos que nos estaba indicando el único tren que, además, hacía el trayecto Moscú- Sebastopol.

Al principio, la señorona revisora rusa no nos dejaba subir al vagón hasta que alguien le dijo algo en su idioma. De repente su cara de malas pulgas se transformó en una gran sonrisa forzada mientras decía “¡Oh, turistof!” y se frotaba las manos.

Tras veinte minutos de espera, el tren se puso en marcha y fue entonces cuando la revisora se nos presentó con una joven pasajera que hacía la función improvisada de traductora. A través de la moza nos exigió 12 veces el precio real del viaje; la muy z… esperó a que arrancara el tren para atracarnos y así evitar que tengamos la posibilidad de elección. Vale, sí, como os conté al comienzo del post, el ticket costaba 0,50€, así que sólo nos pedía 6€. Pero es que una tiene su dignidad, o al menos paciencia para negociar un precio. Pero la revisora no. Como nos negamos a pagar ese precio –con la intención de que lo rebajara-, nos hizo bajar en la siguiente parada, es decir, en medio de la nada.

Había una especie de miniestación de tren, uno de esos sitios en los que a veces la gente de Ucrania y Moldavia se apea y que parecen no llevar a ninguna parte, pues sólo se ve campo a su alrededor. Había dos chicas a las que les pregunté cuándo iba a venir el siguiente tren, o si había estación de autobuses, pero no entendían ni una palabra ni ningún gesto. Opté por llamar a la manager de mi hostal para contarle mi situación en inglés y que ella le explicara lo que necesitaba en ucraniano a través de mi teléfono. Pero no funcionó. Tan sólo entendí que ya no había más trenes.


Caminamos unos veinte minutos hasta llegar a una carretera en donde paramos como si fuera un taxi al primer bus que pasaba. A la pregunta “¿Sebastopol?” los viajeros nos contestaron “da”. Así que subimos al vehículo.

El bus alcanzó su última parada y pensábamos que se trataba de Sebastopol… pues no.

Una señora hizo gestos para que la siguiéramos y nos metió en un barco que nos llevó a nuestro destino. Lo último que nos esperábamos es que fuéramos a llegar por el mar. Ha sido el viaje en barco más barato de mi vida: 0,25€ .



Contamos la historia en el hostal y los dueños -que estabn preocupados por mi llamada desde el culo del mundo- sacaron chupitos de vodka para todos celebrando que habíamos llegado bien.
Fuimos la comidilla en el hostal pero sólo durante unas horas, ya que un japonés la lió más parda que nosotros. El susodicho se emborrachó y se quedó dormido por las calles de Sebastopol hasta bien entrada la madrugada. Como era de esperar, se despertó sin sus cosas. Por lo visto perdió una cámara de las buenas.

En la habitación dormíamos ocho personas repartidas en cuatro literas. Las tablillas de las camas superiores estaban un poco sueltas. Por eso me desperté hundiéndome a las tres de la madrugada, a punto de caerme encima de Jarris. Pero conseguí salir de la cama a tiempo.
El japonés, en cambio, no tuvo tantos reflejos y se cayó sobre la chica australiana que dormía debajo. Que te caigan hombres del cielo no es tan malo, incluso a muchos les puede gustar. Lo que no le agrada a nadie es que venga acompañado de tablas de madera.

En fin, siempre habrá alguien que nos supere, tanto en lo bueno como en lo malo.; y días como éste no se olvidan nunca.

domingo, 22 de agosto de 2010

Kiev, a 50ºC más de temperatura




¿Por qué has venido hasta Ucrania si tu país es mucho más bonito?Esta pregunta me la han formulado con frecuencia durante mis dos viajes a esta república ex soviética.

Ucrania es grande y variada, bonita y exótica; en definitiva, tiene un potencial turístico aún sin explotar. Parece que sus lugareños no se dan cuenta de esto, es como la niña bonita que no sabe que lo es porque nadie se lo ha dicho. Veremos qué pasa cuando se celebre la Eurocopa 2012 en Ucrania y Polonia; del mismo modo que la edición de Eurovisión de 2005 dio un empujón infrastructural a Kiev.

He visitado dos veces Ucrania, o más bien he conocido las dos Ucranias. La del frío polar de -2
0ºC en invierno; y la de temperaturas mayores que 30ºC en verano (con humedad); producto de su clima continental extremo; agravado, además, por el verano más caluroso de los últimos 70 años.

Una diferencia de temperatura de más de 50ºC hace que una ciudad parezca otra. A continuación he comparado algunos lugares de Kiev, colocando primero la imagen veraniega y debajo de ésta, la de aquella temperatura que me hacía temer por la pérdida de un dedo del pie.


La Madre Patria junto a las Ciudades Heroicas. Una gran estatua de 102 metros de altura y 502 toneladas de peso. En su pedestal contiene un museo sobre la Segunda Guerra Mundial; probablemente el mejor que he visto sobre este tema. Pero ojo, todos los letreros están en ucraniano.



La Plaza Maidan Nezalezhnist, conocida por ser el lugar de la protesta política más importante de Ucrania: La Revolución Naranja.




El Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas
. La luz a 50ºC más es notablemente distinta.




El Mercado Central
. Este verano, decorada con un mural realizado por los artistas del museo de arte contemporáneo Pinchuk Art Gallery (situado justo enfrente del mercado).





Monumento a la Madre Patria
. También llamada "Baba" que es un diminutivo de "abuela".


Vídeos del recinto del Memorial
que contiene el museo de la guerra y el callejón de las Ciudades Heroicas. En el vídeo inferior comento que hace -10ºC. No sabía cuál era la temperatura real. Después tuve que correr para resguardarme en el museo. No sentía las manos ni los dedos de los pies.






Andenes de la estación central de trenes. Inconfundibles trenes azules que salen desde Rusia hasta Crimea.


Parque infantil situado entre la iglesia de San Miguel y la iglesia de Santa Sofía. Si no hay niños jugando es porque en la situación de la foto superior se abrasarían, y en la de abajo sería hasta peligroso estar demasiado tiempo al aire libre.

Yo misma en un almacén de cúpulas de Lavra. Nótese la rojez de mi cara a -20ºC a pesar de llevar un gorro con doble forro y capucha. El resto de mi vestuario es la práctica totalidad de mi equipaje de 10kg (para no facturar en el avión): leotardos, calcetines y botas altas, pantalones vaqueros, camiseta interior, camiseta de manga larga, un jersey, un forro polar, dos pares de guantes y el anorak de esqui.
En cambio, en la foto superior estoy asándome por momentos.



El hotel Ukraina. El primer rascacielos de estilo soviético de Kiev.



Entrada al callejón de Las Ciudades Heroicas. En invierno no hay turistas.


El interior del callejón de las Ciudades Heroicas contiene que representan la defensa soviética frente a la invasión nazi en 1941. Fijaos en el minuto 0:46, sale una abuela (Babushka) con un misil.








Mi amiga y ex compañera de piso Hanna en Maiden, natural de Mlyniv, un pueblo ucraniano.


Esperando a que me sirvan una ensaladilla ucraniana en uno de los establecimientos de la calle Sichnegovo. Este plato, a diferencia de España, también es típico en invierno.


Pasajeros esperando al metro de Kiev. Arsenalna es una de las paradas de metro más profundas del mundo: 105,5 metros.


Posando en Khreshchatuk, la calle principal del centro de Kiev.



La plaza Bodgan Hmelninsky, junto a la catedral de Santa Sofía.


En esta plaza hay una estatua que representa a Bodgan Hmelninsky, el caudillo ucraniano que dirigió la liberación del dominio polaco a mediados del siglo XVII.

Cambiamos el árbol de Navidad por unas escaleras para mojarse los pies junto al monumento a la Independencia de la plaza Nezalezhnist Maidan.




  • Otras fotos de la Kiev veraniega.



Quizá tenga que volver en primavera o en otoño para... en fin... vivir una temperatura normal.