Ucrania tiene una extensa red de ferrocarril con unos trenes tan lentos que un viaje que en España duraría dos horas, aquí tarda el doble. He viajado en tren por Ucrania en varias ocasiones, os cuento mi experiencia.
Invierno:
Lviv – Kiev. 542 km en 10 horas; 9,5€. Mi amiga Mariya, de Lviv, me acompañó a comprar los billetes, más bien lo hizo todo ella, porque al haber distintas clases de billetes, prefirió pedirlos antes de que me confundiera. En vez de ir a la estación, fuimos a la Oficina de trenes en Lviv (Hnatiuka Street, 20) y adquirimos una cama en pasillo para viajar en un tren nocturno. Fui con mi amiga a la estación y subió para acompañarme hasta que arrancó. Aunque afuera hacía -20ºC y en el tramo entre la sala de pasajeros y el tren se me habían congelado las manos, en el interior hacía hasta calor. Me quité las capas de cebolla e intenté entablar conversación con el señor de enfrente. No fue posible. Con antifaz y tapones dormí muy bien: temperatura agradable, sábanas, almohada y manta. Por la mañana pasó una señora vendiendo café solo.
Verano: Kiev – Simferopol (capital de la Península de Crimea). Unos 800km, 16 horas. Comprar los billetes no fue tan fácil. Mi amiga Hanna, de Mlyniv pero residente en Kiev, me dijo antes de que llegara a Ucrania, que no quedaban billetes pero que le taquillera le había dicho que si íbamos un día a primera hora a la estación, podríamos adquirir anulaciones. Lo mejor es hacerlo desde la web, pero nosotros no lo hicimos así. Fuimos a la estación con un poco de miedo, pues si nos quedábamos sin trenes, nos quedaba un eterno autobús más lento, si cabe, que el tren. Bonita estación, por cierto. Tras esperar un buen rato en una fila, nos enviaron a otra. Como aquí rara vez los taquilleros saben inglés, Hanna se ocupó de pedir los billetes. En esta segunda ocasión la empleada contestó lo siguiente al preguntar sobre los trenes a Simferopol.
-Esta información tiene un precio.
Hanna sacó unos pocos grivnias y la señora imprimió una hoja en ucraniano. Volvimos a otra taquilla y nos dijeron que esa información era errónea. ¿Teníamos que haber pagado más? Tuvimos suerte porque justo quedaban dos plazas, aunque en diferentes vagones. Los compartimentos eran para cuatro personas, cada una con su cama.
Coincidimos con una madre y su hijo Vanja. Nos contó que ahora vivían en Canadá y que el niño había pasado curso, cosa muy sorprendente para ella pues Vanja tuvo que aprender inglés en dos meses y era muy revoltoso. Es verdad, era muy difícil hacerle una foto y que no saliera movida. El vagón estaba lleno de niños correteando y estuvimos un rato jugando con ellos. Tanto adultos como pequeños se quitaban las camisetas, se echaban agua y se agolpaban a las ventanas mendigando briznas de aire, pues la temperatura en el tren era altísima. Nos dimos cuenta de que no había cafetería, pero sí un cuarto en el que una señora vendía agua, chocolatinas, te y café. Durante las múltiples paradas que hacía el tren se podía bajar a estirar las piernas y los comerciantes aprovechaban para vender sus productos a los viajeros. Abundaban las frutas, las cervezas y las ristras de pescados secos, los cuales la madre de Vanja nos aconsejó no probar porque podían contener gusanos. Le dijimos que nosotros habíamos comprado los billetes el día anterior y se sorprendió mucho. Nos contó que la gente reserva meses antes, planeando las vacaciones de verano. Después señaló que habíamos sido muy inocentes pensando que encontraríamos plaza, pero que “como sois personas abiertas al mundo, el mundo se ha abierto a vosotros”. Hacia las diez, los niños se cansaron de correr y gritar y se quedaron dormidos. Nosotros también.
Sebastopol – Odessa. 550km, 12 horas. Un viaje tranquilo, esta vez funcionaba un poco el aire acondicionado. Pero como veis, muchas horas para tan poco trayecto.
Tener paciencia y comprar los billetes con un poco de antelación, son requisitos indispensables. Además aconsejo conocer el alfabeto cirílico y subir con comida y agua, pues puede que en el tren no haya. ¡Buen viaje!
Odessa es mundialmente conocida por ser uno de los escenarios de un clásico cinematográfico: El acorazado Potemkin.
Con un millón de habitantes y situada en la costa del Mar Negro, Odessa es uno de los puertos más importantes de Ucrania, así como la quinta ciudad en cuanto al número de habitantes. Éste iba a ser el punto y aparte de este viaje por Ucrania de 15 días de duración, pero no el punto final. Aún quedaban muchos días de viaje hasta llegar a Croacia.
Llegamos a Odessa hacia las nueve de la mañana. Había dormido bien en el tren a pesar de que no habíamos cenado. Lo primero que hicimos fue ir de la estación de trenes a la de buses para comprar el billete a Chisinau. En otras ciudades ucranianas nos habíamos ahorrado quebraderos de cabeza comprando los tickets con antelación, pues hemos visto viajeros que se han tenido que quedar unos días de más en un hostal por la falta de plazas. Escribiré una entrada sobre los transportes en Ucrania. La taquillera de los autobuses nos pareció la más eficiente de todo el país: supo decir “hora” en inglés y no nos hizo pagar un plus por la información, como suele pasar en la estación de Kiev.
Encontramos la calle del hostal TiuFrontPageHostel(unos 7€ la noche). Eran las once de la mañana y tenía un hambre atroz, normal, llevaba un día sin comer. Como un oasis, divisé en la esquina un puesto de kebabs y me comí uno de una yarda de longitud.
Llamamos al timbre del hostal. Nadie nos abría. Volvimos a llamar, ni caso. ¿Qué pasa? Llamamos, llamamos, llamamos… De pronto nos abrió una chica en pijama y legañas. Todo el mundo estaba durmiendo a estas horas y más tarde descubriría por qué.
En Odessa, aparte de la mítica escalinata y algunas playas no hay muchas cosas para ver. La gente viene principalmente para salir de fiesta. Y no se trata de tomar unas cervecitas en una terraza con música popular… No. Vienen a por los discotecones con Djs internacionales a 10€ la entrada (un dineral para los estándares ucranianos) y fiesta salvaje. Que no digo que esté mal, pero sorprende que todos vayan a lo mismo, o si no, ya me explicaréis cómo pudo ser que en un hostal, yo haya sido un día la primera en despertarme: ¡a las 13 horas!
Me aseé en una ducha con radio y salimos de ahí. La cocina era una cochiquera. A saber qué había ocurrido la noche anterior. Comenzamos por la calle Derybasivska, una avenida muy animada llena de terrazas y bares; y llegamos hasta el monumento a Catarina la grande que reinó desde 1762 hasta 1796.
Muy cerca están las escaleras que fueron escenario de una de las escenas más míticas del cine soviético: las escaleras de El acorazado Potemkin, película que trata sobre la revolución rusa que en 1905 levantó al pueblo bolchevique contra los zares. 77 minutos que descubrieron el montaje en el cine mundial.
Las escaleras cuentan con 10 descansillos y 192 escalones de longitud diferente, los de la parte baja miden 21,7 m y los de la alta 13,4 m. Esta forma especial de construcción en perspectiva le da a la escalera unas características interesantes de ilusión óptica. Si se mira desde la parte baja se ven solamente los escalones, no los descansillos, y se percibe claramente que los escalones son más cortos en la parte superior. Al contrario, si se mira desde la parte alta se ven los descansillos, pero no los escalones, y se tiene la sensación que tiene una anchura uniforme en toda su longitud.
Esta es la mítica escena de El Acorazado Potemkin de 1925 en la que el pueblo es brutalmente agredido por las fuerzas zaristas, donde crea una velocidad artificial, que hace que la secuencia dure casi 6 minutos. Si queréis ver la cinta entera, lo podéis hacer aquí.
La escena ha sido homenajeada en muchspelícuals y series como El Padrino, Los intocables de ElliotNess, Bananas, Brazil, la tercera entrega de Agárralo como puedas, la última de StarWars (aunque los soldados marchan subiendo las escaleras) o incluso en Los Simpsons en dos situaciones, en una Homer rescatando al bebé y en otra, con Lisa lanzando a Maggie.
También he encontrado una parodia de unos viajeros españoles que estaban de vacaciones por Odessa. Tienen un blog y ahora están pasando un año sabático en China, por lo que me han dicho que no pueden leer Mis Viajes por Ahí; estas páginas están bloqueadas.
Bajamos las escaleras y nos encontramos en este puerto en donde veleros de todo el mundo conviven con imponentes buques mercantiles. Entre éste y las escaleras había un show del motor patrocinado por Red Bull y no, no he hecho fotos a las azafatas, pillines.
Durante estos días, se estaba celebrando el Festival de Cine Internacional de Odessa. De hecho, llegamos justo en la ceremonia de clausura y descubrimos que, una semana antes, se había proyectado El acorazado Potemkin en las escaleras. Hubiera sido bonito ver una de las películas más influyentes de la historia del cine, justo en el lugar de rodaje.
En la casa de la Ópera había una alfombra roja –de color rosa-, un recinto repleto de periodistas, seguratas, gente elegante entrando al edificio, coches con la matrícula VIP y la plebe, como yo, agolpándose en las barreras para poder atisbar a un famoso. He de decir que el único personaje cinematográfico que me suena es MilaJojovich, pero no cayó la breva. Como era un festival internacional, vete a saber quién podía aparecer. Durante todo el rato que estuvimos no vimos ninguna cara conocida, y los demás espectadores, tampoco. Lo digo porque cada vez que salía alguien de un coche tintado, nadie parecía inmutarse.
Este silencio fue interrumpido por un grupo de HareKrishnas que irrumpieron por ahí. Creo que era lo que menos me esperaba en esos momentos. Por eso fue una aparición bastante graciosa -y ruidosa-.
Volvimos al hostal y había bastante barullo. La gente intentaba cocinar entre tantos trastos sucios. Yo sólo me freí unas salchichas. Cenamos viendo un rato la mítica película, y digo un rato porque no es muy larga; al ser una película muda, es inevitable ponerle voces de vez en cuando. Como nos comentó, vino Genevieve, la joven australiana que viajaba sola que conocimos en Sebastopol y salimos a dar una vuelta. Junto al hostal está una de las catedrales más importantes de Odessa, la catedral de Preobrazhensky. A mí me pareció bastante rara, no tiene banquetas y me produjo una sensación de vacío que contrasta con el recargamiento de adornos que suelen tener las iglesias. Efectivamente, Stalin se la cargó en 1930 y hubo que reconstruirla.
En la misma plaza había tenderetes de Matriushkas con la imagen de Obama, el rey de España, MichaelJackson…
Esa noche salimos un rato, pero de bares:
-FriendsandBeer (Derybasivska 9). Lo curioso de este bar es la decoración que imita una casa de la Unión Soviética. Hay objetos realmente viejos. -Art Club (Bunina 24), Como su nombre indica, por dentro está adornado de una manera artística, incluso los aseos. Este bar abre hasta las 5 de la mañana. -Mick O’Nill’s IrishPub.(Derybasivska 13). Uno de los omnipresente pubs irlandeses que, o no cierra nunca o está hasta muy muy tarde abierto. -CaptainMorgan (Zhukovskoho 18). Como he comentado al principio, en Odessa hay discotecas que exigen 10€ por entrar. Pero encontramos ésta que costaba 5€ la entrada. Eso sí, no puedo decir qué tal está porque no llegué a entrar. Por normal general, las mujeres entran gratis en las discotecas.
El día siguiente lo pasamos en la playa. En esta ocasión sí que teníamos sitio para colocar las toallas, no como en Crimea. Si uno quiere, puede pasar todo el día ahí, pues abundan los chiringuitos, los restaurantes y las actividades de playa como los pedalós o las camas elásticas.
Lección de Historia del Cine
Vamos a hacer un brevísimo repaso a la historia del cine. Que se note que he estudiado Comunicación Audiovisual, una carrera que no produce trabajadores sino eternos becarios… Pero que ofrece algunas asignaturas interesantes.
El cine de Vanguardia es todo aquel cine que se sitúa al margen de lo convencional. Este cine comenzó a desarrollarse debido al creciente interés por la reflexión sobre este arte alrededor de la segunda década del siglo XX: aparecieron las primeras críticas cinematográficas en periódicos, los congresos sobre cine, los cineclubs, etc. En definitiva, se configuró el cine como un arte autónomo.
Las cuatro vanguardias más importantes son: -El Expresionismo alemán. -El Impresionismo francés. -El Surrealismo. -Las Vanguardias cinematográficas soviéticas.
Pero ya que estamos en Odessa, centrémonos en las Vanguardias soviéticas. A partir de la Revolución Soviética el cine cogió fuerza en la URSS: se convirtió una herramienta para expandir el comunismo. Hubo una mayor reflexión teórica por el cine, por eso fue el primer país que impulsó la creación de una escuela de cine en 1919 (Escuela Estatal de Arte Cinematográfico). Por entonces comenzaron a experimentar en muchos aspectos, principalmente con el montaje.
Sus rasgos formales son:
-Rompen con la narratividad: se alejan de los cánones clásicos del montaje. Esto se manifiesta en el montaje ideológico: busca la unión de planos que aparentemente no tienen nada que ver, para transmitir una idea nueva. Por ejemplo: ojo + agua = llanto; puerta + oreja = escuchar; boca + perro = ladrar. -El montaje también innova en el aumento de planos. -Y sobre todo, el protagonismo del colectivo: las masas son las que impulsan la historia.
Los directores más destacados son: -DzigaVertov. En ucraniano significa “¡Gira, peonza!”. En 1916 hizo su "laboratorio del oído" experimentando "músicas de ruidos", montaje de fonogramas y palabras. Teoría del Cine-Ojo: Lo fundamental: usar la cámara como un ojo fílmico más perfecto que el ojo humano para explorar el caos de los fenómenos visuales. -VsevolodPudovkin: Su obra más importante es “La madre” (1926). Esta película trata sobre una mujer, quien adquiere conciencia de su marginada condición social gracias a la participación revolucionaria de su hijo. No hay final feliz pues busca incitar a la rebelión. Pudovkin se concentraba en el coraje y la resistencia de los individuos .
-SergueiEisenstein: A diferencia de Pudovkin, Eisenstein usaba el montaje para glorificar el poder de las masas. Nació en Riga, Letonia. Comenzó dirigiendo teatro para pasarse más tarde al cine. Pasó una época en Estados Unidos; rodó películas, dio discursos en la Universidad de Columbia y en Harvard; pero la Paramount se puso nerviosa al conocer sus ideales comunistas. Una vez de vuelta a la URSS, Stalin, uno de los censores más furiosos que ha dado la historia, desconfiaba de él por su estancia en Estados Unidos y asignó supervisores para los rodajes de Eisenstein. Algunas de sus obras fueron censuradas o destruidas por cuestiones políticas.
El acorazado Potemkin le ha dado a conocer su nombre en todo el mundo, y es una de las películas sobre la que más se ha escrito. Se estrenó en Estados Unidos, pero por esa misma fecha, fue prohibida en Alemania (durante el régimen nazi), Gran Bretaña, España (aunque se levantó la prohibición durante la Segunda República), Francia y otros países por su contenido revolucionario.
Llegamos a Sebastopol en autobús desde Sudak por un camino de acantilados al mar, viñas y campos de girasoles. Tardamos seis horas en realizar los 188 kilómetros de trayecto, algo común en este país sea cual sea el transporte que elijas. Por ello, este territorio mayor que España, parece extenderse aún más a cada hora de viaje. Además, durante el recorrido, coincidimos un tramo con la línea de trolebús más larga del mundo: 86 kilómetros. Era de noche, en la estación de buses no había oficina de turismo y como somos tan poco previsores, no teníamos un mapa que abarcara más allá que el centro de la ciudad. Tomamos un taxi y por unos 5€ llegamos al hostal TIU Bolshaya Sevastopol (12€ la cama en temporada alta).
Dejamos las cosas y salimos en busca de algo para comer. Aunque era de noche, se podía atisbar una ciudad diferente a las que habíamos visto en Crimea. Edificios coloniales, parques y banderas rusas ondeando sobre la mayoría de los tejados.
Aunque Sebastopol se encuentre en la Península de Crimea, administrativamente no pertenece a ésta; y aunque físicamente esté en Ucrania, son los rusos los que habitan esta famosa ciudad portuaria y los que la controlan. Pues fue debido a la flota soviética por la que se fundó Sebastopol hace 200 años. Constituye un lugar único para controlar el Mar Negro que a su vez es una salida al Mediterráneo (por el Bósforo). ¿Sabíais que hasta el año 1996 estaba cerrada al turismo?
Conforme bajábamos hacia el puerto, el volumen de la música chunda chunda se incrementaba. Este lugar tampoco se escapa de este tipo de turismo tan común en Crimea. Me compré un bollo sorpresa (de esos que van rellenos de algo, pero como la tendera no sabe inglés, ni yo ruso, puede contener cualquier cosa dentro) y probamos la cerveza del lugar. Los precios eran ligeramente más altos que en el resto de la península.
El día siguiente comenzamos con la visita a la panorámica de la Defensa de Sevastopol (unos 2€). Se trata de un edificio circular situado en lo alto de una colina. Primero, mediante un tour guiado, nos mostraron un museo sobre la Guerra de Criema (1853-56) y terminamos con un mural de 360º que representa las vistas desde este punto de la ciudad si viajáramos al año 1854, es decir, cuando tuvo lugar la Defensa de Sebastopol. Para hacer fotos o vídeos había que pagar más -¡qué absurdo! Así que he tomado una foto prestada de un fragmento de la panorámica de esta página.
Junto al museo había un recinto lleno de anclas y demás objetos marítimos así como tiendas que ofrecen los gorros típicos de Sebastopol. Es curioso ver a la gente por la calle llevándolos.
Apareció el hambre y fuimos al restaurante que nos habían recomendado en el hostal, el Traktir (Bolshaya Morskaya 8). Comida rusa y ucraniana y camareras vestidas de marineras. Me pedí el plato más caro (7€) y me quedé bizca de comerme entero un pedazo de cordero.
Para bajar la comida, fuimos a dar un paseo por el puerto. Hay un acuerdo entre Rusia y Ucrania para que convivan sendas flotas. Hoy en día hay unos 35 buques rusos ocupando este lugar estratégico en el Mar Negro. A la gente de Sebastopol le parece bien, normal, pues la mayor parte de la población es rusa.
Pero fuera de esta ciudad, hay muchos ucranianos en contra. Fijaos, en el parlamento de Kiev hubo peleas a base de huevos, puñetazos y bombas de humo inmediatamente después de que saliera por votación la opción de prorrogar la estancia de los buques rusos en Sebastopol hasta el 2047. “¡Ucrania no está en venta!” –gritaban los que no estaban contentos con la decisión. Efectivamente, si han votado “Sí” a la ocupación rusa es porque ésta, a cambio, les prometió un 30% de descuento en el precio de venta de gas natural ruso, lo que equivale a unos 30.000 millones de euros durante los próximos diez años, según las autoridades ucranianas.
En el puerto la gente pasaba la tarde bañándose en sus sorprendentemente aguas cristalinas, con los barcos rusos de fondo.
Mientras la gente nada, juega o toma el sol, un monumento les recuerda que en este lugar hubo soldados luchando en la II Guerra Mundial.
Había un ambiente muy animado, pues recordemos que Sebastopol recibe mucho turismo (de Rusia, sobre todo). Se podía encontrar desde chiringuitos de ropa marinera hasta un acuario con delfines haciendo piruetas; y la gente se bañaba en cualquier lugar a lo largo de este gran puerto. Por ejemplo, un buen lugar para darse un chapuzón estaba junto al monumento a los barcos hundidos en la guerra de Crimea.
Seguimos más adelante y llegamos Memorial de la II Guerra Mundial. El Sitio de Sebastopol fue una lucha librada entre el 30 de octubre de 1941 al 4 de julio de 1942 entre las fuerzas de Alemania y la Unión Soviética, por el control de la base marítima de Sebastopol en el Mar Negro durante la Segunda Guerra Mundial.
Por último, para ver otra zona dedicada a otro tipo de barcos –mercancías o turistas-, basta con atravesar esta puerta.
Ucrania mira a occidente y quiere unirse a la OTAN, cosa que Rusia desaprobaría seriamente. Veremos qué ocurrirá cuando la flota rusa abandone Sebastopol. Pero de momento parece que sus gentes simpatizan con la marina rusa: y si no, mirad estas bañistas, lo alegres que están al recibir de vuelta en 2008 a los barcos que habían ido a intervenir en las fronteras marítimas de Georgia.
Si queréis ver más fotos de Sebastopol, id a mi cuenta de Flickr. ¡Gracias!
Dejamos Feodosia, y seguimos hacia el oeste por la costa de la Península de Crimea. Siguiente parada: Sudak. Esta vez sí que reservamos habitación y lo hicimos a través de Hostelworld. Escogimos el UYTA Summer Youth Hotel Edem .
Conseguimos llegar al hostal sin perdernos, aunque hubo gente que intentó confundirnos. Me explico. En la estación de buses quisimos tomar un bus que nos dejara cerca del hostal. Un taxista se vino a la parada y nos empezó a decir que si el bus no existía, que si no había ninguno que dejara en tal calle… Pero un chico que estaba sentado detrás dijo “¡no es verdad, sí que existe!” Hicimos bien en creer el chaval, y espero que no se pegaran después. Una vez llegamos a la parada de bus correspondiente, no encontrábamos la calle del hostal. Le preguntamos a unos chicos. Ellos avisaron a más gente y al final se formó un grupo de personas dispuestas a llevarnos en su coche hasta el sitio cobrándonos una barbaridad. Y eso que estábamos al lado. Vale, última vez que preguntamos aquí.
Suerte que vimos una pintada en cirílico y no un cartel, que indicaba el nombre de una calle larga y estrecha. No habíamos empezado bien en Sudak, pero llegamos al hostal y nos gustó mucho. Además, la abuela del hostal cocina muy bien –aunque muy despacio-. Me pedí un café y como no tenía nada mejor que hacer, me conté los picotazos de mosquitos de mis piernas. La cacería había ascendido a 32, y eso sólo hasta las rodillas. ¿Os conté que el primer día, en Kiev, me picó una avispa?
Sudak se parece mucho a Feodosia, por su turismo ruso de chancletines; pero al menos tiene algo que visitar: murallas. Pero no son unas murallas cualquiera, éstas se incluyen en la lista de los sitios Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2007.
Las construyeron los colonos genoveses en el siglo XIII y forma parte de una serie de fortalezas a lo largo de la costa sur de Crimea, antes de perder sus tierras en la invasión turca de 1475. Como ya dije en el post de Feodosia, a la gente por estos lugares les encanta hacerse fotos con cosas.
Gracias a esto, he podido hacer esta foto que no podría ser más falsa, pues en Crimea no hay camellos. Pero, ¡sí!, ¡hay uno para hacerle una foto!
A pesar de haber pagado la entrada, había que comprar otro ticket para subir a la torre más alta. A no ser que escalaras para saltar la puerta.
Se nos hizo de noche y buscamos algún sitio para comer algo. Nos dimos cuenta de que estábamos pasando ante los restaurantes más grandes que habíamos visto en nuestra vida. Nunca había conocido instalaciones de semejante envergadura. ¿Qué hará esta gente en invierno? Dudo que reciban turismo… Ya sean discotecas, centros recreativos o restaurantes; utilizan mujeres como reclamo. Voy a matar al diseñador de los uniformes de estas mozas. Y a los que sacan culos y tetas en sus blogs para atraer lectores... qué poco gusto.
La foto parece sacada en el interior de una discoteca, en realidad está en la calle… atrayendo moscas y moscones.
No podían faltar las peleas femeninas en el barro.
La dignidad, a la altura de la de este pobre burro. Qué también tienen a los pobrecicos bien tratados.
Cuando llegamos al hostal, una chica nos dijo que le habían contado que habían llegado dos españoles al hostal. Que era muy raro, pero hace un mes vino un australiano.
—¿Y qué hacéis aquí, si vuestro país es más bonito?
Los extranjeros –sin contar los rusos-, se cuentan con los dedos de una mano.
Al día siguiente nos fuimos –por recomendación- a la playa de Noviy Set, a unos 10km de Sudak. Tenía muchas ganas de bañarme, tomar el sol en la toalla, leer, ponerme morena, tomarme un cucurucho de gambas sentada mientras veo las olas mecerse. Mi gozo en un pozo.
No encontramos un espacio libre de 1x0,5 metros. O lo que es lo mismo, no había ningún hueco para nuestras toallas. Nada. Nos apretujamos entre la masa y conseguimos sitio para apoyar únicamente nuestros culos. Para más inri el agua estaba a tutiplén de medusas. Un consejo: si queréis una playa casi sin gente y con el agua limpia, tomad un bus para ir de Sudak a Noviy Set pero apearos antes de llegar a la última parada. Vimos algunas personas haciéndolo y nos preguntamos a dónde iban, después lo comprendimos. Para la vuelta no hay problema, pues puedes parar un autobús como si fuera un taxi.
Volvimos de la playa con un hambre atroz y nos comimos todo lo que nos cocinó la abuela del hostal. Pero no pudimos estar mucho rato porque teníamos que coger el autobús para ir a Sebastopol.
Para terminar esta bizarra a la par de infructífera visita, nos encontramos con lo nunca visto; el coche de Google. ¡Y yo con estos pelos!