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sábado, 19 de junio de 2010

DUNBAR, Escocia




Carlos, un chico de Madrid que se hospeda en el mismo hostel que yo en Edimburgo me comentó que tenía muchas ganas de hacer una excursión, pues llevaba tres semanas sin salir de la ciudad.

-¡Me apunto!

Al principio pensamos en ir a Cramond que es una isla a las afueras de Edimburgo a la que se puede llegar caminando cuando la marea está baja, pero vimos en Internet que la marea subiría a las dos de la tarde. Las autoridades edimburguesas están hasta el gorro de rescatar gente atrapada en la isla cuando sube la marea. De hecho, de no haber sabido este dato y que se podían comprobar las mareas en Internet, yo hubiera engrosado la lista de tontolabas que tienen que ser sacados.

Tras un rato de búsqueda nos decantamos por Dunbar. Una pequeña localidad pesquera a media hora de la capital escocesa (9 £ i/v en tren).



Lo primero que hicimos fue ir a la oficina de turismo.

-¿Qué se puede visitar aquí?
-El castillo y un camino que llega a una playa enfrente de un atolón. Ya está.

Comenzamos en el puerto y encontramos el castillo o lo que queda de él.



-Esto debe ser un monumento derruido.
-¿Cómo es un monumento “de ruido”? ¿Una pandereta gigante?
-Estás como un cencerro.



Las ruinas del castillo de Dunbar son los restos de lo que fue uno de los más poderosos castillos de Escocia. Las ruinas se encuentran en un estado tan precario y peligroso que no se permite el acceso, ya que parte de éste se ha hundió en el mar en 1993. Mejor verlo de lejos.
Es tan antiguo que probablemente la primera piedra la puso el Conde de Dunbar en 1070.


El castillo de Dunbar fue atacado sin éxito por los ingleses en 1214, pero Eduardo I tuvo mejor suerte en 1296. Ésta no fue la última vez que el castillo ha sido asaltado, lo que le ha producido graves daños. Desde entonces ha sido asaltado y reconstruido en numerosas ocasiones hasta que en 1567, la reina María de Escocia fue llevada al castillo de Dunbar por el Conde de Bothwell (tras secuestrarla), el mismo año se casaron. La reina abdicó y el Parlamento escocés ordenó la destrucción de un castillo.




Junto al castillo hay unas rocas repletas de gaviotas que sacan el culo para apuntar sobre los turistas,
Parecía un videojuego en el que los tranquilos lugareños no participaban, resignándose a recibir misiles-caca de tamaño descomunal. Nosotros corríamos de lado a lado evitando ser bombardeados por estas delicadas criaturas. Conseguimos salir ilesos, pero fue una tarea complicada.




Hicimos caso a la señora de la oficina de turismo y tomamos el camino que va por la costa hasta el atolón. Es fácil encontrarlo. Atravesamos playas rocosas y algún campo de golf. El paisaje era tan bonito que me recordaba a un fondo de pantalla de Windows –creo que estoy demasiado enganchada al ordenador-.




Y llegamos a la playa. Para alcanzarla nos quitamos las zapatillas y atravesamos un riachuelo que cubría hasta los tobillos. Pasamos el resto de la tarde en la playa. Demasiado tiempo como para no acordarse de lo que ocurría aquí con las mareas.
¡Cisnes en el mar!






Cuando quisimos volver nos encontramos con que el simpático riachuelo se había convertido en un señor pantano. Carlos lo cruzó y el agua le cubrió hasta los pezones. Yo soy mucho más baja, así que era inevitable que me empapara entera. Eso no sería un problema si no llevara una cámara de fotos que valía más que yo.
Solución: llevarme en corderetas hasta un puente que, aunque comienza en medio del pantano, termina en la otra orilla –lo cual no significa que no me mojara entera, pero la cámara sobrevivió, que es lo que importaba-.






Los lugareños debieron pasarlo bien viéndonos. A pesar de las gaviotas y las mareas; conseguimos pasarnos el juego.





Como curiosidad -y aunque sólo tengan en común el nombre-, El número de Dunbar es, según el antropólogo Robin Dunbar, la cantidad de individuos que pueden desarrollarse plenamente en un sistema determinado. Dunbar teoriza que este valor es de aproximadamente 150 individuos.

martes, 8 de junio de 2010

3 Colinas volcánicas de EDIMBURGO, Escocia


Si creeís, por el anterior post, que ya sabéis todo lo que se puede ver en Edimburgo, estáis equivocados. Digamos que "me dejé lo mejor": las colinas volcánicas de la ciudad.

Éstas se formaron a partir de un sistema de volcanes extintos del periodo Carbonífero (hace aproximadamente 350 millones de años), que fue erosionado durante el Cuaternario por un glaciar que se movía de oeste a este, depositando los materiales arrastrados en el lado este.

Hay discusiones respecto al número de colinas pues, según la tradición, Edimburgo fue contruída sobre siete colinas. Lo más probable es que quisieran asemejarla a otras ciudades que sí pertenecen a ese excelso grupo como Roma y Lisboa.




1. Calton Hill. 98metros.
Se encuentra en la ciudad nueva de Edimburgo y desde ella se tienen unas vistas fantásticas de la ciudad. Su nombre viene del gaélico "colina boscosa".



Aquí se han construido diferentes monumentos, como el del almirante Nelson por su victoria en la batalla de Trafalgar, el City Obserbatory, el monumento al filósofo Douglas Stewart o los restos de una antigua cárcel (Calton Jail).



El más destacado es el Monumento Nacional que no es más que un trozo de un templo griego que intenta asemejarse al partenón de Atenas. Inicialmente se quería erigir un templo griego como Dios manda. Pero el dinero se terminó, así que dejaron sólo la fachada de una Acrópolis.
Por esto, algunos llaman a Edimburgo, "Atenas del Norte"; aunque se debe más a que es el origen de numerosos filósofos, escritores y poetas.
Algunos escoceses se refieren informalmente a la ciudad como, "Embra".




2. El Castillo de Edimburgo, la mayor atracción turística de Escocia.
En él, por 12 £ la entrada, se pueden ver las siguientes cosas:



-Los Honores de Escocia, donde se encuentran las joyas de la Corona escocesa y los objetos del tesoro real escocés.
-La Piedra de Scone, también conocida como "Piedra del Destino", sobre la que se coronaban los reyes escoceses.
-El Memorial Nacional de la Guerra de Escocia.
-Mons Meg, un enorme cañón de sitio del siglo XV.
-El cañón de las trece horas, que dispara cada día a dicha hora.
-La capilla de Santa Margarita, la zona más antigua de la fortaleza, y posiblemente de la ciudad.



Cuando lo visitéis, fijaos en que la Piedra del Destino tiene una cicatriz en su centro. Esto se debe a que el día de Navidad de 1950, cuatro estudiantes escoceses robaron la piedra de su ubicación en la Abadía de Westminster y se la llevaron a Escocia. No tuvieron en cuenta que la piedra era muy pesada y al levantarla para llevársela, se partió en dos.



Como curiosidad, también hay un cementerio de perros en el castillo.




3. La silla de Arturo "Arthur's Seat", 251m de altura.



Subirla lleva un ratico, pero es un camino sencillo y os aseguro que merece la pena.




Una vez arriba me sorprendió la ventolera que hace, ésta soy yo intentando no caerme hacia atrás, con el pelo en la cara...



Me encontré con una enigmática bicicleta abandonada en la cima.



Y cómo no, las vistas hacia la ciudad y el mar.




Esta colina se encuentra rodeada por el parque Hollyrood, en el cual hay dos lagos llenos de gaviotas, cisnes y garzas. Todo esto se encuentra en medio de la ciudad, lo que hace que te olvides por un momento de los coches y el ruido.






Me dediqué a fotografiar pájaros como si me fuera la vida en ello. ¡A ver si os gustan!
Si pincháis en una foto, podéis verla más grande.










domingo, 23 de mayo de 2010

EDIMBURGO, Escocia

Hace unos días llegué a Edimburgo y conmigo traje el buen tiempo, como me han dicho los lugareños: este sol sólo sale una semana al año. Y cuando esto ocurre, sus gentes invaden los jardines como si nadie tuviera que trabajar.


Tierras de whisky, Trainspotting, castillos, Braveheart, faldas escocesas, gaitas, pelirrojos, vacas con flequillo y Nessie; suena interesante, ¿verdad? Su capital, de momento lo único que conozco, suena a música celta y puede verse mucha gente vestida con el traje tradicional. Esto se debe a que los escoses son muy patrióticos. Ellos no son Inglaterra. No se os ocurra decirle a un lugareño "Vosotros los ingleses...".
Y además no dicen Edinburgh, dicen "Edimbra".
Un traje escocés puede costar hasta 1000€, normalmente se paga por ello unos 400.




¡Vayamos a dar una vuelta!

Comenzamos en la Catedral de St. Gile (calle The Toyal Mile) que alberga algunas curiosidades como un ángel junto al altar que toca la gaita; partes de la catedral que datan del siglo XII o que éste es el lugar en donde el predicador John Knox estableció la iglesia presbiteriana escocesa.





Pero la historia más importante es la siguiente:
Carlos I se creía tan importante que hizo cambiar el libro religioso para que se rezara por él. Pero un día, cuando el decano estaba leyendo el nuevo libro de oraciones, una chica de 23 años llamada Jenny Geddes se cabreó y le tiró una silla a la cabeza; él devolvió el lanzamiento pero aterrizó en la cara de otra persona; y al final toda la gente se enzarzó en una gran guerra de sillas y objetos varios. Los disturbios llevaron a la Alianza Nacional y por lo tanto las guerras de los Obispos, la primera parte de las Guerras de los Tres Reinos; que incluyó la Guerra Civil Inglesa.
En 1707 se firmó la fusión del Parlamento de Escocia con el Parlamento de Inglaterra, creando así, el Reino de Gran Bretaña.




Enfrente de la puerta principal hay un corazón el el suelo en donde los escoceses escupen para tener suerte, es el único punto de Edimburgo en el que se permite echar japos. Si un policía te descubre haciéndolo fuera del corazón, te cobrará 40 £ (si te ve tirando una colilla, también). Esto se debe a que era un lugar odiado por el pueblo por dos motivos: junto a este corazón se cobraban los impuestos y también marca la posición de la antigua cárcel municipal. Los presos tenían la bonita costumbre de escupir antes de entrar en la cárcel, y esta tradición se sigue manteniendo porque se supone que da suerte. Cuando juega algún equipo de fútbol, eso se pone fino.




A dos metros del baboso corazón está el lugar de los castigos. Si alguien robaba algo, por ejemplo, éste era clavado a la puerta mediante unas estacas en las orejas durante 24 horas. Había dos opciones, quedarse ahí y aguantar estoicamente que los ciudadanos te tiren tomates o te den patadicas sin piedad; o arrancarte de ahí. Si hacías lo segundo, era mejor abandonar Edimburgo pues quedabas físicamente marcado y ya no podrías llevar u na vida normal en la ciudad. Los piercings no estaban de moda.



Detrás de la Iglesia de St. Gile está el Parlamento y entre medio una plaza con una estatua de la que todo el mundo se reía antiguamente.
Se trata de Carlos II vestido de romano, descalzo, sobre un caballo rechoncho y paticorto. Al monarca le ponían una corona de laurel hasta que se estropeaba y la reemplazaban por otra nueva: debido a este desgaste, la cabeza comenzó a perforarse por la coronilla. Como en Edimburgo llovía -y llueve- mucho, entraba agua en la estatua y se estropeaba, lo cual ridiculizaba aún más la imagen de este rey.




Entonces le hicieron un agujero al caballo por la tripa, pero el resultado fue nefasto; cuando llovía parecía que el animal estaba orinando, lo que aún producía más risa entre los ciudadanos. Pero un día vieron la luz: ¡a un genio se le ocurrió tapar el agujero de la coronilla de Carlos!

Junto a esta estatua se ejecutaba y se enterraba a mucha gente, demasiada; lo cual acabó en desastre. Un día que llovió mucho, pero mucho mucho, se armó un barrizal que desembocó en un torrente de cadáveres que se desplazaron por Edimburgo. Precioso, aprended de esto, cinestastas de pelis de zombis.

En la misma plaza, bajo la plaza de aparcamiento número 23 hay un rey enterrado, ¿cuál? Yo no lo sé, por eso os pregunto. Como no era un enterramiento muy digno (no hay lápida ni ninguna placa conmemorativa), alguien se apiadó de él y talló una corona en la pared de la catedral de St Gile, justo en frente de la plaza de aparcamiento.





El ayuntamiento, aunque parezca bajito consta de diez plantas, porque varias de ellas están bajo tierra. Aquí ocurrió algo muy siniestro. Bajo el ayuntamiento había una auténtica ciudad subterránea en la que vivían miles de personas en malas condiciones. Tanta humedad, ratas y falta de higiene hizo que hubiera una epidemia de peste en 1645. Para evitar la expansión de la enfermedad las autoridades adoptaron una cruel decisión: cerrar las entradas al vecindario para impedir la huida de los enfermos, condenando así a toda la población del barrio a una muerte terrible. Dicen que ahora hay fantasmas.




La estatua de la plaza tiene una peculiaridad, las orejas del caballo son, en realidad, de cerdo. Esto se debe a la sutil venganza del escultor por no ser pagado en las condiciones que habían pactado.
La gente se dio cuenta dos semanas después pero no se le dio mucha importancia. Ni se nota.

Esta es la casa más antigua de The Roal Mile (la calle más turística de la parte vieja de la ciudad).
Aquí vivió John Knox y fue construída en 1490.




Detrás tenemos el Museo de los Escritores (Lawnmarket, entrada gratuita). De Edimburgo han salido muchas eminecias literarias:
-Sir Walter Scott. Hasta una estación de tren de Edimburgo se llama como su obra Waverley y en su honor se ha contruído el monumento más alto a un escritor en la calle Princess.
-Robert Burns, poeta nacional.
-Robert Louis Stevenson: La isla del tesoro y Doctor Jekyll y Mister Hyde.
-Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes.
-J.M. Barrie, el autor de Peter Pan.
-Irvine Wels: Trainspotting.
-J.K. Rowling: la saga de Harry Potter.



De estos personajes está muy orgullosa la gente de Edimburgo y no es para menos. La ciudad ostenta desde 2004 el título de «Ciudad de Literatura de la UNESCO».

En el exterior del mismo edifico del Museo de los Escritores se ven unas escaleras que tienen una peculiaridad típica de aquí, hay un escalón más pequeño que los demás. Esto es una primitiva alarma contra los ladrones. La idea no es mala, pues si sabes que el escalón defectuoso es el séptimo, no te la pegas. El problema es que la gente bebía -y bebe- ingentes cantidades de alcohol y, en ese estado, un escocés no sabía cómo se llamaba y mucho menos, dónde se encontraba el escalón. Ante los eventuales estrépitos, los vecinos dudaban de si había entrado en la casa un ladrón o si se trataba de un habitual tozolón del señor Mc Clelland (por decir un nombre).




Otra esquina curiosa la que une Ramsay Lane con la calle Castle Hill. Aquí encontramos cuatro cosas.
-La cámara oscura: un museo de efectos ópticos, hologramas, etc. Aquí puedes ver cómo serías en mono, en mujer, en gordo. Un buen sitio para ir después de unas pintas.
-El museo del whiskey, la bebida tradicional de Escocia. Te explican el proceso de elaboración y te dejan probar el whiskey, faltaría menos.
-Una iglesia convertida en cafetería.
-Tartan Weaving Mill and Exhibition. Un telar enorme en donde comprar -o sólo probar y hacerse fotos- trajes escoceses.




Muy cerca se celebra el festival militar Military Tattoo de Edimburgo. Las gradas que se ven delante del castillo comienzan a construirse cuatro meses antes de la festividad y se tarda en desmontarlas cuatro meses más. Esto se debe a que los vecinos son muy pijos y no quieren escuchar ni un sólo ruido, por eso los pacientes obreros tienen que trabajar pieza por pieza con mucho cuidadín, no vaya a ser que se despierte de la siesta Lady Mc Gillykelly (por decir otro nombre).





Esta calle tan primorosa y colorida, Victoria Street, ha sido escenario de una macabra historia -como muchas en Edimburgo que no sé qué pasa aquí, pero los muertos dan mucho juego-.
En un hostal de esta calle se había muerto un huésped. La dueña lloraba porque le debía cuatro libras, que por entonces era el sueldo de un mes. Dos individuos conocidos como Burke y Hare decidieron ayudarla. Se llevaron el cadáver y lo vendieron a la Universidad de Medicina para que lo utilizaran en sus clases. Ganaron siete libras, de las cuales cuatro fueron para la dueña del hostal y tres para sus bolsillos. Y vieron el negocio.
Se cargaron a muchos paseantes de la zona mediante el método de la asfixia con almohada para que fuera una muerte limpia. Por estos cuerpos "sanos" ganaban doce libras, una fortuna. Acabaron con unas 19 personas hasta que fueron descubiertos. Un profesor destapó un cadáver en clase de Anatomía e inmediatamente llamó a la policía. Había reconocido al muerto: se trataba de la prostituta de la facultad, y probablemente el profesor había estado con ella hace poco y como consecuencia, sabía que recientemente la mujer estaba sanísima.





Bajando la calle nos encontramos en Grassmarket, como su nombre NO indica, aquí NO se vende marihuana. Pues vaya nombre engañoso -pensaréis, pillines-. No, aquí se vendía el pasto para ganadao, así como cabezas de reses. No obstante, la plaza es más conocida por ser el lugar de Edimburgo en el que más gente se ha ejecutado. Toda Edimburgo iba a ver cómo colgaban a la gente como quien va al cine.
Muchos bares en Edimburgo toman el nombre de algún suceso ahí ocurrido. Por ejemplo, el bar Maggie Dickson, situado en esta plaza, debe el nombre a una mujer que fue colgada como tantos otros desgraciados. A su lado otro bar se llama The Last Drop (La última gota) porque los ejecutados terminaban su vida tomando algo en aquel lugar.
Lo singular de la historia es que cuando estaban llevando el ataúd de Maggie Dickson haciael cementerio, escucharon unos golpes: era Maggie avisando de que no estaba muerta.
Para rematarla quisieron volver a colgarla pero un señor del publico gritó: "¡No se puede ejecutar dos veces a una persona por un sólo delito!". Le hicieron caso y como no encontraron una solución viable, la dejaron libre. Se casó con este anónimo salvador y vivió encima del bar con vistas a las ejecuciones durante 40 años.




En esta plaza hay también tiendas vintage (no os perdáis la tienda W. Amstrong and Son), lugares en donde comer Haggis, tomar pintas, etc.

Siguiendo por Candlemarket Road nos encontramos con la cafetería en donde la millonaria autora de Harry Potter, J.K Rowling, escribía sus cuentos de magos.

Más arriba nos encontramos con el cementerio más famoso de Edimburgo.
Como veis la gente que tenía pasta ponía rejas a las tumbas para que no llegaran los personajes que he comentado antes para robar a su abuelo y venderlo a la facu de medicina.





Otros que tenían aún más pasta se hacían un mausoleo. Éste en concreto se mantiene cerrado con candado porque dicen que hay fantasmas. Como curiosidad, en Edimburgo nacieron los estudios de Parapsicología por sus numerosos sucesos paranormales y se pueden cursar en la Universidad de Edimburgo.



Junto al mausoleo hay un recinto que también mantienen cerrado por los mismos motivos. Aquí se torturó a mucha gente, tanto física como psicológicamente.


Pero los vistantes vienen por otro motivo.
Hacia 1856, un policía llamado John Grey tenía un perro llamado Bobby. Su dueño murió y el perro se quedó esperándole junto a su tumba. Otro hombre que regentaba un bar en las cercanías, de nombre James Brown, alimentaba al perro que no se movió del lugar en 14 años. James murió y fue enterrado junto a Grey. El perrito pasó el resto de su vida entre sus dos dueños.




Bobby fue nombrado hijo predilecto de Edimburgo como símbolo de lealtad y tiene su propia tumba. Como no es legal enterrar a un animal en un cementerio de humanos, éste se encuentra en la entrada, en el hall del cementerio.




Tan importante era el can que le hicieron un molde antes de morir para colocar una réplica de éste en la parte exterior de la entrada del cementerio. ¿Os acordáis de un capítulo de Futurama en el que el perro de Fry espera años y años en la puerta de la pizzería? Está dedicado a Bobby.





Por lo demás, me sorprende la actitud de los escoceses en cuanto a los cementerios. En este en concreto hay una tienda de souvenires, la gente hace picnics o toma el sol sobre las lápidas (y por la noche otras cosas). En esta foto podemos ver que las viviendas se incrustan en el mismo cementerio. Una reunión de muertos no es considerada como un escenario tétrico.




En la otra acera se encuentra el Museo de Escocia que hace un interesantísimo recorrido por Escocia desde los dinosaurios hasta las invenciones tecnológicas en un edificio de seis plantas. El museo es muy visual e interactivo; puedes jugar con maquinitas y botoncicos y lo que es mejor: disfrazarte. Y Ya sabéis que a mí me gusta mucho disfrazarme, como en Bollywood y en un museo de vikingos danés.
Aquí descansa la oveja Dolly disecada -con un pegote de caca en el culo, no me preguntéis porqué-. Los científicos la bautizaron con este nombre en honor a la cantante de country Dolly Parton, porque clonaron a la oveja por medio de células de las glándulas mamarias, y por lo visto, esta mujer las tenía bien desarrolladas.
¡La entrada es gratuita!





Cerca del cementerio hay un castillo-colegió que inspiró a Rowling para su saga de Harry Potter.



Pero el castillo más importante de Edimburgo es El Castillo de Edimburgo -valga la redundancia-. Esta imponente edificación del siglo VI está ubicada sobre una gran roca volcánica paro que el acceso a éste fuera complicado.
En el siglo XI el castillo se conviertió en la residencia favorita de los reyes escoceses. Aquí se encuentra la Piedra del Destino, sobre la que se coronaban los reyes escoceses. Un símbolo de la nación: han tardado 700 años en convencer a los Ingleses para que la devuelvan a Escocia.


Frente al castillo están los jardines de Princess Street. Antiguamente había en su lugar un lago artificial en el que se depositaban los desechos fecales. De ese modo conseguían que la toma del castillo por ese lado fuera menos apetitosa para los invasores. Aún así ha sido invadido en varias ocasiones.
Hay varios caminos para subir pero no todos van al castillo. No hagáis como yo que subí por el primer sendero que vi y cuando parecía que iba a alcanzar la cima, el camino finalizaba abruptamente en esta piedrecica.



Por esta publi-foto deberían regalarme un vuelo los de Spanair. Con motivo de la nueva conexión aérea Barcelona- Edimburgo, han colocado un efímero castillo que imita al original pero con un guiño a la ciudad condal. He trabajado en marketing de turismo y nunca había visto una campaña publicitaria de arena :p


Por esta zona encontramos varios museos gratuitos como la Galería Nacional de Escocia y el Museo de la Moneda; pues Adam Smith, precursor de la economía moderna, nació en esta ciudad.


La capital escocesa es también el origen de importantes personalidades como el inventor Alexander Graham Bell, el presidente Tony Blair, el filósofo David Hume, el actor Sean Connery y el explorador David Livingstone. El padre de la evolución Charles Darwin estudió en su Universidad -y probablemente jugó con las mercancías de Burke y Hare-.

Una vez cubierta la parte cultural, es más que recomendable visitar los pubs de Edimburgo. Éstos son los que me ha dado tiempo de conocer durante estos días. Iré actualizando -excepto los bares que no me gusten, que no serán aquí mencionados-.


-Wistlebinkies (esquina Royal Mile con South Bridge). Música en directo todos los días.
-The Wee Red Bar (Lady Lawson st.). El bar de la escuela de arte. No es muy elegante y cierra pronto pero hay conciertos gratuitos. Aquí pude ver un grupo llamado Delta Mainline que me impresionó en directo. 7 personas que hacen que suenen dos bajos, dos guitarras, teclado, sintetizador, melódica, armónica, batería, maracas, voz y coros.
Acabé ayudando a llevar instrumentos.
-The Forrest Cafe (Bristol place). "Un bar de bohemios" en donde probar delicias vegetarianas.
-The White Hart Inn(Grassmarket). Un antiguo pub escocés con música en directo todos los días a las 21 horas.
-Espionage (Victoria st. 4). El garito más grande de Edimburgo, con cinco plantas enla que se escuchan diferentes tipos de música. La entrada es gratis todos los días de la semana.
-The Citrus Club (40-42 Grindlay Street). Música pop-rock británica. Entrada 6£.
-Sneaky Petes (73 Cowgate). Música soul, electro, minimal, house... Entrada free.



Y para terminar: el mar.
Edimburgo está bañado por el Oceno Atlántico y como el sábado fue un día de sol y chancletas, me sentí atraída magnéticamente por la costa. Me dediqué a caminar durante dos horas en dirección al mar; eso sí, hice una parada para comer y leer en el Royal Botanic Garden.




Más rápido es tomar un bus a Portobello; pero hay días que me levanto modo Forrest Gump; me refiero a que me pongo a andar y me puedo tirar el día en movimiento, como cuando se cruza EEUU.
Los asientos de los autobuses también están tapizados con el tejido típico.


Por el camino me quemé, así que cuando alcancé la playa ya parecía escocesa.
En la costa me encontré con un cementerio de estrellas de mar, así como perros y niños jugando.







Tras la sesión fotográfica perruna me senté en una roca con los pies a remojo: en la lectura de mi novela de viajes intercalaba miradas hacia la inmensidad del océano imaginando los lejanos lugares que describía el libro.
Todo está en calma, he aprovechado estos días, la brisa atlántica alivia mis hombros enrojecidos; me gusta viajar.

Choose Life!





Próxima entrega: Los Highlands. El gran Imperio Romano no pudo penetrar en este territorio verde con hombres azules.