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sábado, 4 de diciembre de 2010

Ruta por Malta I: La Valeta, Vittoriosa e Isla


Como seguramente sabréis, hace unos días volví de una soleada Malta que disfrutaba de unos 20ºC de temperatura… ¡En noviembre!
Hace poco anuncié que había sido una de las ganadoras de La Ruta perfecta por Malta, cuyo premio consistía en realizar una ruta fotográfica por los rincones más fotogénicos del archipiélago. Éste fue mi portafolio (había que mostrar tus fotos en cualquier formato para entrar en el concurso).

Llegamos a Malta muy temprano, hacia las 9,30. Casi ninguno habíamos dormido, pero no hacía falta, teníamos demasiadas ganas de salir a hacer fotos. Aunque También apetecía repantingarse en el pedazo hotel en donde nos alojaron: el Corinthia de St. Julians.


El equipo, formado por Juan Luis, Diego, Ricardo, nuestra guía Audrey y yo nos fuimos a La Valeta dispuestos a capturar las mejores imágenes.
La capital de Malta, La Valeta, está unida a la orden militar y hospitalaria de San Juan de Jerusalén, los caballeros de la Orden de Malta. Éstos tuvieron su base aquí de 1530 a 1798 y dejaron una gran huella como la red de amplias y ordenadas calles y los numerosos monumentos. Iglesias y palacios, museos y teatros, jardines y plazas conservan casi completamente sus características originales: la ciudad casi no ha sufrido modificaciones desde 1798, cuando los caballeros dejaron La Valeta.


-Comenzamos la visita en los jardines Upper Baraka desde los que se tienen unas vistas magníficas de las ciudades fortificadas frente a La Valeta. “Lo malo” es que hacía demasiado sol y era complicado sacar buenas fotos porque salían quemadas. Pero estaba encantada de que hiciera este buen tiempo. Esto es lo que conseguí.


-Dimos un paseo por pequeña ciudad. Se me hacía raro ver tantos adornos navideños a tan altas temperaturas para la época del año. Me imagino que en Sudamérica sería así también. Me estaba gustando, pero… Hay un trabajo típico de la época de Navidad que consiste en disfrazarse de Papá Noel en un centro comercial. En Malta y en Sudamérica deben de asarse los pobres.
Sí, esto es lo que pensé, ¿os he dicho ya que no había dormido?


Por las calles de la Valeta era fácil darse cuenta de la mezcla cultural del país: restaurantes que ofrecen pizzaSicilia está muy cerca–, cabinas de teléfono británicas, figuras marianas por todas partes y carteles de calles que suenan a árabe. En Malta hay dos idiomas oficiales: el inglés y el maltés. Este idioma podría ser un dialecto del desaparecido árabe magrebí aunque adopta muchos préstamos del griego, italiano, del siciliano y del inglés. Se escribe con alfabeto latino.


-Entramos en la Co-Catedral de Saint Johnh. Todo lo que hay pintado en su interior lo hizo alguien como prueba para entrar en la Orden de los Caballeros de Malta. Toda la catedral está construida por ellos y tiene ocho capillas que representa cada uno de los idiomas de la Orden, hay capillas de Francia, Provenza, Italia, Alemania… ¡Y Aragón!
Si os fijáis, en el suelo hay muchas figuras de esqueletos y calaveras; debajo de cada uno de ellos hay un caballero enterrado.


-Por último visitamos el Palacio del Gran Maestre, el palacio presidencial, en el que pudimos observar las armaduras, una sala de reunión de los embajadores de Malta y numerosos cuadros que representaban la fallida invasión otomana.


Las tres islas de Malta se encuentran en un lugar estratégico en el Mediterráneo, como consecuencia han sido muy disputadas y han estado en poder de fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes y de la Orden de caballeros de Malta. Pero de los turcos no, algo de lo que se sienten orgullosos y que da nombre a la ciudad de Vittoriosa (Birgu).
Fuimos hasta esta ciudad en barquita desde La Valeta. Comimos unos fideos con marisco acompañados de un vino Chardonnay de Malta ‘Caravaggio’ en el restaurante con vistas al puerto Riviera Della Marina.


Para bajar la comida qué mejor que un paseo por la Vittoriosa. Una ciudad tranquila y silenciosa… Excepto cuando pasaba alguien con la música del coche a todo meter.


-Y para terminar, aprovechamos los últimos momentos del día con luz en los Jardines Senglea de Isla (junto a Vittoriosa), en donde capturamos el atardecer.


Os podéis imaginar que aquella noche dormí como un tronco. ¡Pero aún quedaba mucho viaje!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

SIGHISOARA, Rumanía


Es la segunda vez que paso por Budapest en el ecuador de un viaje largo. Aunque lo he hecho siempre sin querer, tiene tanto sentido, que las próximas veces diseñaré el viaje concienzudamente para tener que pasar por aquí. En la capital húngara hay baños termales con innumerables piscinas, cada una de ellas con una función terapéutica diferente; hidromasajes, piscinas con corrientes (te puedes pasar un rato arrastrada dando vueltas) y señores sumergidos jugando al ajedrez.


Un día haciendo el vago en este lugar y recuperas las energías suficientes para seguir trotando por el mundo.
A partir de aquí mi viaje dio un giro de tuerca. Desde Kiev sólo éramos dos personas viajando. Ahora nos convertíamos en una panda de siete maños con ganas de darlo todo. Parece que no es fácil ponerse de acuerdo con tanta gente, pero la verdad es que sí lo fue. A los siete nos gusta lo mismo; viajar, ver lugares nuevos y pasarlo bien. No buscamos lujos, no necesitamos gastar un día buscando souvenires y todos tenemos experiencia viajando por libre.
Y yo, la única mujer.
A la llegada, dos de mis amigos pidieron una pizza de dos kilos porque alguien dijo la palabra mágica: "A que no hay huevos de pediros esa pizza". Siempre funciona.


Nuestro primer destino como grupo fue Sighisoara, un pueblo medieval de la región de Transilvania muy bien conservado. Para ello tomamos un tren nocturno que dispone de camas. Así nos ahorrábamos una noche de hotel.

Sighisoara sigue siendo una de las más hermosas y aún habitadas ciudades fortificadas de Europa. Su centro histórico se incluye en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría "Testimonio de tradición cultural; Asentamiento humano tradicional", pues la fundaron los sajones de Transilvania (una etnia alemana) y se convirtió en un punto muy importante en las rutas comerciales. Sólo hay que fijarse en el cementerio, en la parte alta de la ciudad, con una mayoría de apellidos alemanes en sus lápidas.



Además se supone que aquí nació Vlad el Empalador, conocido por nosotros como Drácula. Éste se convierte en un reclamo turístico, desde tiendas de regalos y camisetas hasta su propia casa, convertida en restaurante. Hablaré más sobre este personaje cuando llegue a Bran.


Esta ciudad amurallada conserva once torres; cuando paseas por las calles adoquinadas, puedes ver a tu alrededor casas del siglo XVI e iglesias intactas. Destacan la Iglesia Negra, el palacio del Ayuntamiento y la Torre del Reloj, del cual siete figuras de madera se asoman a medianoche para avisar de que es la hora de los vampiros.

martes, 9 de noviembre de 2010

De Moldavia a Rumanía: Iasi y experiencia Couchsurfing



Una vez terminada nuestra breve visita a Moldavia, nos disponíamos a viajar a Rumanía, comenzando por la bella ciudad de Iasi.

Como ya comenté, compré los tickets con días de antelación para no tener problemas inesperados en la estación de Chisinau.

Cambié el dinero moldavo que me había sobrado porque no es posible hacerlo fuera de este país. Esto se puede hacer en la misma estación.
Nos montamos en el autobús junto con otro pasajero. Sólo estábamos tres personas, qué raro… Como de costumbre, vino una empleada con la lista de pasajeros, nos pidió que le enseñáramos los billetes, apuntó algo y se fue.

El conductor arrancó pero por poco tiempo, a los cinco minutos estacionó el vehículo junto a la cuneta y subió tanta gente al bus que se llenó. ¿Y esto por qué?
Al cabo de dos horas de viaje empecé a tener ganas de miccionar. Al ver que no hacía ninguna parada, me levanté a decirle al conductor la palabra internacional “Toilet”.
Un pasajero me preguntó en inglés que qué le quería decir, para traducírselo.

-Que si va a parar para ir al baño.

Se lo dijo en rumano.
Una hora después volví a levantarme pensando que se había confundido, pero el conductor no me hizo caso.
Pasó otra hora más y estacionó delante de unas casetas. Todos los pasajeros se dieron la vuelta para decirme al unísono “¡¡Toilet!!”- Lo hicieron con buena intención, pero pasé bastante vergüenza-.

Otra cosa que conviene saber es que no se puede pasar de Moldavia a Rumanía con más de dos paquetes de tabaco. No digo cartones, digo paquetes, 40 cigarrillos. Por eso me pareció absurdo que en la tierra de nadie comprendida entre la frontera moldava y la rumana hubiera un Dutty Free. Es decir, se podían comprar cartones de tabaco a buen precio, pero no se permitía introducirlos en los países.


Ver mapa más grande

Pasamos el control y sólo me registraron la mochila, no así la maleta. Te preguntaban siempre si llevabas tabaco. Y a mí, de paso, el aduanero me tocó el brazo diciendo “Youre red”. Sí, me he quemado… en Ucrania.

Nos subimos los viajeros al autobús y reanudamos el viaje. Cuando estábamos lo suficientemente alejados de la frontera, la gente comenzó a darle al conductor paquetes de tabaco de dos en dos. ¿Y esto por qué?
Así que le preguntamos a un chaval con cara de malote que se sentaba detrás de nosotros. El chico decía que se dedicaba a hacer negocios con medicinas y que le encantaría ir a Ibiza… No sigo.
Nos explicó que al principio la gente no se había subido al bus en la estación para poder hacer un trato con el conductor y pagar menos dinero. En ese pacto entraba lo de pasar dos paquetes de tabaco por la frontera. De ese modo todos salían ganando, los pasajeros por poder obtener los billetes a un precio reducido; y el conductor por conseguir mercancía cigarrera para traficar. Sí, en su explicación utilizó la palabra “traficar”.

Quién más y quién menos, aquí todo el mundo era un poco chanchullero. A excepción del señor con bigote que subió al autobús con nosotros en la estación. El viaje no era caro, unos 6€.

Nada más entrar en Rumanía, se notaba que también habíamos alcanzado la Unión Europea. Ya no había baches, agujeros y curvas vertiginosas. Ahora circulábamos por una agradable y correcta carretera; eso sí, sin dejar de lado ciertos clichés rumanos: había carros de caballos, y junto a la calzada, algunos animales domésticos como burros, gallinas y ovejas. Me pareció un paisaje bonito.

Llegamos a la estación de buses de Iasi, que está muy cerca de la de trenes. Era la primera vez en los 20 días de viaje que llevábamos, que nos daban un mapa de la ciudad en la estación. Nos lo dieron en la estación de trenes (foto inicial con Ganesh) que se encuentra casi enfrente de la de autobuses. Ya sé que la foto me quedó horrible, no os riáis.

Iasi es, con 326.502 habitantes, la segunda ciudad de Rumanía. Se encuentra en la provincia de Moldavia (no confundir con el país) y tiene una de las mayores universidades del país –y la primera en construirse-, lo que hace que Iasi tenga un ambiente joven lleno de estudiantes rumanos y extranjeros. Y es que en Iasi hay ¡80.000 estudiantes!

Confieso que no me esperaba que Iasi fuera una ciudad tan bonita, limpia y llena de espacios verdes. A decir verdad, nunca había escuchado nada sobre esta ciudad.

-El Palacio de Braunstein en la Plaza de la Unión.


-La catedral metropolitana de Moldavia, la iglesia ortodoxa más grande de Rumanía.


-Enfrente está el parque central, que tiene bustos de bronce de eminencia literarias (esto también ocurre en Chisinau).


- A través del parque llegamos al Teatro Nacional que en 1888 sufrió un incendio devastador.


-La moderna catedral católica.


- El Palacio de la Cultura construido a principios de siglo; enfrente de él se encuentra la estatua de Esteban el Grande (1457-1504), el príncipe moldavo que más éxito tuvo en la resistencia contra los turcos. Contiene el museo de arte, el de historia, el museo etnográfico, y el de ciencias y tecnología. Tiene tantas habitaciones como días tiene un año, pero no pude entrar porque estaba en obras.


- Cerca hay un parque con una iglesia ortodoxa de cúpulas doradas… En donde me eché una siesta.


Hasta que me sonó el teléfono móvil, era Marius.
Habíamos quedado en que me llamaría cuando saliera del trabajo. Marius es un chico, que como otras dos millones trecientas mil personas de 241 países, están utilizando la red Couchsurfing. Para quién no lo sepa, Couchsurfing es una página que permite ponerte contacto con otras personas de otras ciudades para dormir en sus casas, pero también se puede quedar simplemente a tomar algo.

Como el nombre indica, pueden ofrecerte un sofá aunque esto no es estrictamente así. Durante mis experiencias CS me han proporcionado camas, sofás y, en una ocasión, un apartamento para mí y una amiga solas. Yo he recibido a personas de Estados Unidos, Alemania y Francia, y me han acogido en Bremen, Budapest, Tartu, Gdynia, Helsinki y, como estoy contando, en Iasi.
Quedamos con ellos junto al río y ahí estaban Marius, su novia Andria y su perro, un schnauzer gigante llamado Rudolph. No sé cuál era más simpático de los tres.

Nos llevaron a casa en donde nos habían preparado una habitación. Unos amigos suyos nos llevaron en coche a la estación en donde habíamos dejado nuestro equipaje en consigna. Por el camino íbamos hablando en inglés y, a nadie parecía que se le hiciera extraño estar llevando a dos españoles que no conocían de nada.
Luego nos dejaron solos en casa para que nos ducháramos y ellos pudieran llevar una nevera a no sé donde. Bueno solos no, estaba Rudolph. Aquí con confianza.

A Andria y a Marius les encantaba viajar y hacía unas semanas habían vuelto de uno de esos viajes “que te cambian”: la India.
Así que teníamos muchas experiencias para compartir. Nos llevaron a una terraza con músicos en el que había gente de todas las edades y después terminamos en sus bares favoritos probando la cerveza del lugar. Nos contaron cosas de su vida en Rumanía, de sus ambiciosos planes viajeros y sus ganas de hacer cosas estimulantes por el mundo.

Una vez más tuve una buena experiencia gracias a este sistema que permite meterte en la casa de un desconocido y realizar un intercambio cultural.
¿Os atrevéis a utilizar Couchsurfing?

Marius y Andria (derecha), de Couchsurfing por la India.

jueves, 7 de octubre de 2010

CHISINAU, Moldavia



El viaje de Odessa a Chisinau fue duro. En el autobús hacía mucho calor y tardamos un buen rato en cruzar la frontera de Moldavia.
De pronto la carretera era un auténtico desastre: baches, curvas y animales incordiaban en la calzada. Estaba claro que era mejor mirar hacia los lados, pues estábamos atravesando los campos de girasoles más grandes que he visto en mi vida; miles de flores amarillas idénticas se perdían hasta el horizonte a lo largo de kilómetros y kilómetros.
Los primeros en saludarnos al entrar en Chisinau fueron unos bloques de viviendas gigantescos y tristes, típicos de las ciudades soviéticas. En los años 50 la población comenzó a crecer y las autoridades respondieron con la construcción de estos conjuntos habitacionales estalinistas bajo el lema "bueno, barato y rápido de construir".
Llegamos a la estación de buses y fuimos directos a comprar el ticket para Iasi.

Los destinos internacionales se pueden adquirir en el edificio grande de la estación. Las casetas son sólo para viajar a ciudades moldavas. Pregunta siempre desde que estación saldrá vuestro autobús, pues aunque adquieras el boleto en una, puede que salga desde otra estación -Hay tres estaciones-.

Tomamos un autobús urbano (0,20€) para ir al hostal que habíamos reservado: el Chisinau Hostel (9€ la noche compartiendo habitación).


Se entra al edificio por la puerta de la derecha; la de la izquierda es la vivienda de una familia y muchos nos confundimos. Debían estar bastante hartos de que llamaran al timbre mochileros despistados, así que ahí lo dejo: puerta de la derecha, puerta de la de-re-cha

Avisé a una amiga moldava para que viniera a buscarnos. Sanda y yo nos conocimos en Alemania porque hicimos Voluntariado Europeo durante casi un año. La chica hablaba seis idiomas, entre ellos el español; lengua que decía no haberle costado mucho aprender porque se parecía a su idioma materno: el rumano.
Le hice una foto mientras hablábamos en las escaleras del hostal y mirad lo que salió de fondo.


Para ir a la calle principal, Stefan cel mare, cruzamos primero una carretera elevada (con agujeros en la acera, desde algunos de los cuales, se podía ver el suelo a bastantes metros de altura). A los lados había casas dispuestas de una manera un tanto desordenada.


Por el camino, Sanda nos iba contando cosas sobre Moldavia. Que no le importaría anexionarse con Rumanía, al fin y al cabo, comparten idioma e historia. Que las chicas acostumbran a ir con minifaldas y taconazos. Que no hay dinero para arreglar las carreteras que van a Chisinau y que por eso habíamos ido por un camino de cabras. Que qué raro se le hacía volver a verme, esta vez, en Moldavia.

La avenida Stefan cel Mare me pareció bonita, aunque las raíces de los árboles levantaban las aceras y había que tener cuidado de no caerse. Me gustaron los pasos de cebra con forma de teclado de piano.


En el centro de la ciudad vimos el Parlamento con su amplia plaza, según Sanda, para que la gente pueda manifestarse.
Enfrente se pueden ver el Arco de la Victoria (foto inicial con Ganesh) y la catedral ortodoxa Naşterea Domnului.
Chisinau no tiene casi parte vieja porque entre la Segunda Guerra Mundial y un fuerte terremoto, no quedó piedra sobre piedra.



Un poco más adelante estaba el lugar en donde mi amiga se fumaba las clases, el Parque Central. En su entrada hay un monumento a Stefan el Grande de Moldavia y junto a éste, un parterre de flores con una forma curiosa.


Chisinau es una de las ciudades europeas con más zonas verdes. Sus parques no es que sean muchos, sino que son bastante grandes.
En éste, había un pasillo dedicado a los escritores moldavos, representados cada uno con un busto.


El centro de la ciudad no es muy grande, con unas horas es suficiente para ver la mayoría de las cosas importantes. Como por ejemplo, el museo de Historia, con una estatua de la loba amamantando a Rómulo y Remo que volvería a ver en más ciudades de Rumanía.


Terminamos el tour en el colegio francés en donde estudió Sanda.
Hacia las diez de la noche nos despedimos porque se tenía que ir a trabajar. Sanda es una empleada de una empresa americana que se ha “deslocalizado”, es decir, contrataba gente de países menos favorecidos con el fin de aumentar la rentabilidad. Su puesto: telefonista en inglés. A causa de la diferencia horaria, tenía que trabajar durante la noche, pero aseguraba estar contenta porque le pagaban bien.
En Moldavia el sueldo medio es de 100€, lo que le hace el país más pobre de Europa y, en mi opinión, el más ignorado.
Me contó que echaba mucho, mucho, mucho de menos Alemania.



Jarris y yo paseamo por el parque de la catedral y descansamos los pies sentados en un banco con una cerveza Chisinau. Esta cerveza me gustó especialmente. Qué pena que no la vendan aquí.

Fuimos bastante cándidos pensando que habría algún lugar abierto para cenar. Aquí cerraban los establecimientos temprano, pero había una cadena de restaurantes que abría hasta más tarde: el Andy’s pizza (Calles Asachi 54 y Dacia 16). Aquí nos zampamos por 11€ dos pizzas grandes, una ensalada César, dos cervezas de medio litro y un botellín de agua.

La terraza estaba muy animada con gente joven; desde la cual podíamos ver el Teatro Nacional.
De pronto, un coche irrumpió en la plaza y se puso a hacer trompos.



Como aún hacía buen tiempo, fuimos a otra terraza a tomar otra Chisinau. Por su aspecto, el bar parecía un lugar caro. Tenía una amplísima terraza con piscina y una gran pantalla de leds que mostraba imágenes de Rusia de National Geografic. La cerveza de medio litro costó 1€.


Como al día siguiente nos esperaba una jornada dura, fuimos al hostal. Varios viajeros que conocimos en Odessa estaban en la cocina hablando sobre sus viajes.


Parece que Sanda va a cumplir su sueño: vivir en Berlín. Me alegro por ella pero no por la situación del país: la diáspora moldava es tal, que la población se está envejeciendo, mientras los jóvenes se van en busca de trabajo a Europa.


Próxima entrada: Transnistria, el último reducto soviético en la tierra.