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miércoles, 24 de noviembre de 2010

SIGHISOARA, Rumanía


Es la segunda vez que paso por Budapest en el ecuador de un viaje largo. Aunque lo he hecho siempre sin querer, tiene tanto sentido, que las próximas veces diseñaré el viaje concienzudamente para tener que pasar por aquí. En la capital húngara hay baños termales con innumerables piscinas, cada una de ellas con una función terapéutica diferente; hidromasajes, piscinas con corrientes (te puedes pasar un rato arrastrada dando vueltas) y señores sumergidos jugando al ajedrez.


Un día haciendo el vago en este lugar y recuperas las energías suficientes para seguir trotando por el mundo.
A partir de aquí mi viaje dio un giro de tuerca. Desde Kiev sólo éramos dos personas viajando. Ahora nos convertíamos en una panda de siete maños con ganas de darlo todo. Parece que no es fácil ponerse de acuerdo con tanta gente, pero la verdad es que sí lo fue. A los siete nos gusta lo mismo; viajar, ver lugares nuevos y pasarlo bien. No buscamos lujos, no necesitamos gastar un día buscando souvenires y todos tenemos experiencia viajando por libre.
Y yo, la única mujer.
A la llegada, dos de mis amigos pidieron una pizza de dos kilos porque alguien dijo la palabra mágica: "A que no hay huevos de pediros esa pizza". Siempre funciona.


Nuestro primer destino como grupo fue Sighisoara, un pueblo medieval de la región de Transilvania muy bien conservado. Para ello tomamos un tren nocturno que dispone de camas. Así nos ahorrábamos una noche de hotel.

Sighisoara sigue siendo una de las más hermosas y aún habitadas ciudades fortificadas de Europa. Su centro histórico se incluye en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría "Testimonio de tradición cultural; Asentamiento humano tradicional", pues la fundaron los sajones de Transilvania (una etnia alemana) y se convirtió en un punto muy importante en las rutas comerciales. Sólo hay que fijarse en el cementerio, en la parte alta de la ciudad, con una mayoría de apellidos alemanes en sus lápidas.



Además se supone que aquí nació Vlad el Empalador, conocido por nosotros como Drácula. Éste se convierte en un reclamo turístico, desde tiendas de regalos y camisetas hasta su propia casa, convertida en restaurante. Hablaré más sobre este personaje cuando llegue a Bran.


Esta ciudad amurallada conserva once torres; cuando paseas por las calles adoquinadas, puedes ver a tu alrededor casas del siglo XVI e iglesias intactas. Destacan la Iglesia Negra, el palacio del Ayuntamiento y la Torre del Reloj, del cual siete figuras de madera se asoman a medianoche para avisar de que es la hora de los vampiros.

martes, 9 de noviembre de 2010

De Moldavia a Rumanía: Iasi y experiencia Couchsurfing



Una vez terminada nuestra breve visita a Moldavia, nos disponíamos a viajar a Rumanía, comenzando por la bella ciudad de Iasi.

Como ya comenté, compré los tickets con días de antelación para no tener problemas inesperados en la estación de Chisinau.

Cambié el dinero moldavo que me había sobrado porque no es posible hacerlo fuera de este país. Esto se puede hacer en la misma estación.
Nos montamos en el autobús junto con otro pasajero. Sólo estábamos tres personas, qué raro… Como de costumbre, vino una empleada con la lista de pasajeros, nos pidió que le enseñáramos los billetes, apuntó algo y se fue.

El conductor arrancó pero por poco tiempo, a los cinco minutos estacionó el vehículo junto a la cuneta y subió tanta gente al bus que se llenó. ¿Y esto por qué?
Al cabo de dos horas de viaje empecé a tener ganas de miccionar. Al ver que no hacía ninguna parada, me levanté a decirle al conductor la palabra internacional “Toilet”.
Un pasajero me preguntó en inglés que qué le quería decir, para traducírselo.

-Que si va a parar para ir al baño.

Se lo dijo en rumano.
Una hora después volví a levantarme pensando que se había confundido, pero el conductor no me hizo caso.
Pasó otra hora más y estacionó delante de unas casetas. Todos los pasajeros se dieron la vuelta para decirme al unísono “¡¡Toilet!!”- Lo hicieron con buena intención, pero pasé bastante vergüenza-.

Otra cosa que conviene saber es que no se puede pasar de Moldavia a Rumanía con más de dos paquetes de tabaco. No digo cartones, digo paquetes, 40 cigarrillos. Por eso me pareció absurdo que en la tierra de nadie comprendida entre la frontera moldava y la rumana hubiera un Dutty Free. Es decir, se podían comprar cartones de tabaco a buen precio, pero no se permitía introducirlos en los países.


Ver mapa más grande

Pasamos el control y sólo me registraron la mochila, no así la maleta. Te preguntaban siempre si llevabas tabaco. Y a mí, de paso, el aduanero me tocó el brazo diciendo “Youre red”. Sí, me he quemado… en Ucrania.

Nos subimos los viajeros al autobús y reanudamos el viaje. Cuando estábamos lo suficientemente alejados de la frontera, la gente comenzó a darle al conductor paquetes de tabaco de dos en dos. ¿Y esto por qué?
Así que le preguntamos a un chaval con cara de malote que se sentaba detrás de nosotros. El chico decía que se dedicaba a hacer negocios con medicinas y que le encantaría ir a Ibiza… No sigo.
Nos explicó que al principio la gente no se había subido al bus en la estación para poder hacer un trato con el conductor y pagar menos dinero. En ese pacto entraba lo de pasar dos paquetes de tabaco por la frontera. De ese modo todos salían ganando, los pasajeros por poder obtener los billetes a un precio reducido; y el conductor por conseguir mercancía cigarrera para traficar. Sí, en su explicación utilizó la palabra “traficar”.

Quién más y quién menos, aquí todo el mundo era un poco chanchullero. A excepción del señor con bigote que subió al autobús con nosotros en la estación. El viaje no era caro, unos 6€.

Nada más entrar en Rumanía, se notaba que también habíamos alcanzado la Unión Europea. Ya no había baches, agujeros y curvas vertiginosas. Ahora circulábamos por una agradable y correcta carretera; eso sí, sin dejar de lado ciertos clichés rumanos: había carros de caballos, y junto a la calzada, algunos animales domésticos como burros, gallinas y ovejas. Me pareció un paisaje bonito.

Llegamos a la estación de buses de Iasi, que está muy cerca de la de trenes. Era la primera vez en los 20 días de viaje que llevábamos, que nos daban un mapa de la ciudad en la estación. Nos lo dieron en la estación de trenes (foto inicial con Ganesh) que se encuentra casi enfrente de la de autobuses. Ya sé que la foto me quedó horrible, no os riáis.

Iasi es, con 326.502 habitantes, la segunda ciudad de Rumanía. Se encuentra en la provincia de Moldavia (no confundir con el país) y tiene una de las mayores universidades del país –y la primera en construirse-, lo que hace que Iasi tenga un ambiente joven lleno de estudiantes rumanos y extranjeros. Y es que en Iasi hay ¡80.000 estudiantes!

Confieso que no me esperaba que Iasi fuera una ciudad tan bonita, limpia y llena de espacios verdes. A decir verdad, nunca había escuchado nada sobre esta ciudad.

-El Palacio de Braunstein en la Plaza de la Unión.


-La catedral metropolitana de Moldavia, la iglesia ortodoxa más grande de Rumanía.


-Enfrente está el parque central, que tiene bustos de bronce de eminencia literarias (esto también ocurre en Chisinau).


- A través del parque llegamos al Teatro Nacional que en 1888 sufrió un incendio devastador.


-La moderna catedral católica.


- El Palacio de la Cultura construido a principios de siglo; enfrente de él se encuentra la estatua de Esteban el Grande (1457-1504), el príncipe moldavo que más éxito tuvo en la resistencia contra los turcos. Contiene el museo de arte, el de historia, el museo etnográfico, y el de ciencias y tecnología. Tiene tantas habitaciones como días tiene un año, pero no pude entrar porque estaba en obras.


- Cerca hay un parque con una iglesia ortodoxa de cúpulas doradas… En donde me eché una siesta.


Hasta que me sonó el teléfono móvil, era Marius.
Habíamos quedado en que me llamaría cuando saliera del trabajo. Marius es un chico, que como otras dos millones trecientas mil personas de 241 países, están utilizando la red Couchsurfing. Para quién no lo sepa, Couchsurfing es una página que permite ponerte contacto con otras personas de otras ciudades para dormir en sus casas, pero también se puede quedar simplemente a tomar algo.

Como el nombre indica, pueden ofrecerte un sofá aunque esto no es estrictamente así. Durante mis experiencias CS me han proporcionado camas, sofás y, en una ocasión, un apartamento para mí y una amiga solas. Yo he recibido a personas de Estados Unidos, Alemania y Francia, y me han acogido en Bremen, Budapest, Tartu, Gdynia, Helsinki y, como estoy contando, en Iasi.
Quedamos con ellos junto al río y ahí estaban Marius, su novia Andria y su perro, un schnauzer gigante llamado Rudolph. No sé cuál era más simpático de los tres.

Nos llevaron a casa en donde nos habían preparado una habitación. Unos amigos suyos nos llevaron en coche a la estación en donde habíamos dejado nuestro equipaje en consigna. Por el camino íbamos hablando en inglés y, a nadie parecía que se le hiciera extraño estar llevando a dos españoles que no conocían de nada.
Luego nos dejaron solos en casa para que nos ducháramos y ellos pudieran llevar una nevera a no sé donde. Bueno solos no, estaba Rudolph. Aquí con confianza.

A Andria y a Marius les encantaba viajar y hacía unas semanas habían vuelto de uno de esos viajes “que te cambian”: la India.
Así que teníamos muchas experiencias para compartir. Nos llevaron a una terraza con músicos en el que había gente de todas las edades y después terminamos en sus bares favoritos probando la cerveza del lugar. Nos contaron cosas de su vida en Rumanía, de sus ambiciosos planes viajeros y sus ganas de hacer cosas estimulantes por el mundo.

Una vez más tuve una buena experiencia gracias a este sistema que permite meterte en la casa de un desconocido y realizar un intercambio cultural.
¿Os atrevéis a utilizar Couchsurfing?

Marius y Andria (derecha), de Couchsurfing por la India.