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miércoles, 4 de noviembre de 2009

TALLIN, Estonia



A sólo 80km separado de Helsinki por el mar Báltico, Tallin es una parada casi obligatoria para los que visitan Helsinki, casi como si fuera un barrio más de la capital finlandesa. Unos acuden para aprovechar los precios mucho más bajos que en Finlandia, otros, para disfrutar de una ciudad medieval tan bonita y cuidada como esta.


Entre Rusia y Escandinavia, esta antigua república soviética ha sufrido una rápida transformación desde su independencia en 1991, en especial, con Internet y el teléfono móvil y el sector de las TIC tiene hoy en día gran relevancia en el PIB del país.
En 2004 entró en la Unión Europea.

Vamos a darle un poco a la historia de la etapa soviética:

-La colonización rusa, sumada a los estragos demográficos de la guerra, alteró la composición étnica tradicional de la población. La tercera ola de deportaciones en masa tuvo lugar en 1949, cuando se calcula que fueron enviados a Siberia 40.000 estonios, en su mayoría productores que se resistían a la colectivización forzada impuesta por las autoridades. La mitad de los deportados murieron, mientras que la otra mitad no pudo volver hasta los años 60.

-Militarización: Una importante instalación militar era la ciudad de Paldiski, que en 1962 pasó a ser un centro de entrenamiento de submarinos nucleares de la Marina Soviética. Con sus dos reactores nucleares basados en tierra, y sus 16.000 personas empleadas, era la mayor instalación de su clase de toda la Unión Soviética.

-Rusificación: durante los 45 años de ocupación aproximadamente medio millón de ruso-parlantes fueron trasladados a Estonia por la administración para implantar la industrialización y la militarización. Hoy en día, el 26% de la población es rusa.

-Economía: La dominación soviética repercutió negativamente en el crecimiento económico de Estonia, siendo casi nulo en comparación con otras economías de su entorno, como la finlandesa o la sueca, con las que Estonia estaba a la par antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

-La Revolución Cantada: tras muchas otras revoluciones, en agosto de 1989, unos dos millones de estonios, letones y lituanos formaron una cadena humana de más de 560 km, desde Tallin hasta Vilna, para exigir la independencia de los Estados bálticos. Moscú aceptaría la autonomía económica de la república el 27 de noviembre.

Y ahora volvamos a mi experiencia en Tallin.


Me bajé del bus con origen en Tartu en la estación de buses de Tallin. No encontré ahí ninguna oficina de cambio ni de información. Había cometido un error, mi mapa era sólo del centro de la ciudad y mi hostal no se ubicaba ahí. Necesitaba un mapa mayor.
Al final una señora muy maja me indicó el bus que tenía que coger y dónde me debía parar. El Hostel Mahtra era el más barato que había encontrado en Internet y se encontraba en número 44 de la calle con su mismo nombre, a las afueras de Tallin.


En realidad lo que pensaba que iba a ser una calle, resultó ser una gran explanada con bloques soviéticos dispuestos como setas, no formaban calles y encontrar el número 44 fue un poco complicado para mí, que no estoy acostumbrada.
En todo el hostal no había nadie, excepto la recepcionista, que no me dejó pagar con tarjeta y me tuve que ir a un banco a cambiar pelas.


Me hubiera gustado encontrar más gente en el hostal para poder relacionarme un poco. Pero como no hay mal que por bien no venga; aunque yo había reservado una cama por 6€ en una habitación con 5 camas más, por el mismo precio me dieron una habitación doble, con TV y baño privado. Regalado.
Me empecé a sentir sola y me dije, "vete al centro". Tras haber cenado, tomé un bus y me senté en un banco de un parque de Tallin.
A los diez minutos se sentó un chico a mi lado:

- Hei, mida sa siin teed?
- Lo siento, no hablo estonio –en inglés-.

A partir de aquí en inglés:

- ¿Y de donde eres? Yo soy Even, de aquí.
- De España, viajo sola, Inés, encantada.
- Estoy hasta los huevos de mis amigos, bueno en realidad amigos tengo 3, éstos son sólo colegas para beber.
- ¿Y eso?
- Se están pegando con un grupo de rusos y paso de meterme en medio y eso que la semana pasada me robaron la cartera; los rusos siempre dando mal.

Al rato vino una “amigo" suyo.

-¿Eso de ahí es vodka?
-Sí.
-Dame.

Cogió la botella y se limpió las heridas provocadas por las peleas. Se fueron.
Me quedé con Even que me contó algunas anécdotas con las que conocería un poco más Estonia.
Tomamos unos chupitos de vodka, que para brindar se dice algo así como ¡Derbisex!
Acababa de aprender que los rusos y los estonios no se llevan muy bien:

-Mi hermano es un gangster de la mafia estona, pero no lo conozco mucho. Sólo que una vez unos rusos se estaban metiendo conmigo, se acercó mi hermano y salieron corriendo.

-No se te ocurra cruzar el paso de cebra en rojo que los polis son unos cachondos. Si te ven no te harán pagar multa pero te obligarán a cruzar 10 veces. Siendo que tarda un minuto en cambiar de color, por lo menos estarás 20 minutos haciendo el mamón.

-Me gusta mucho Estonia y estoy muy orgulloso de ser de aquí. Incluso me gusta que tengamos nuestra propia lengua y que sea tan complicada. Nuestros edificios son muy bonitos, excepto los grises soviéticos, claro. (Los estonios en general son muy patriotas).



Nos fuimos de cañas por algunos de los múltipes bares del casco. En el Hell Hunt tomamos sidra (sin escanciar), que debe ser bastante típico.

No fui capaz de aguantar hasta la hora en que comienza a funcionar el transporte urbano y además no quería estar hecha unos zorros al día siguente: así que me volví en taxi. No recuerdo el precio, sorry.

Al día siguiente quedamos a comer en el restaurante Kathmandu, que como él me dijo, “Es barato y ponen platos grandes”. Even, además de los tallarines, se pidió un Kéfir, una bebida a base e leche fermentada con un hongo, muy común en las repúblicas bálticas. Personalmente el Kéfir me da un poco de asquete, por recuerdos de mi infancia. Mis padres estuvieron mucho tiempo bebiendo Kéfir todos los días porque es muy saludable, pero no me gustaba abrir la nevera y tener un hongo coliflorero saludándome todos los días.

Nos fuimos a ver las siguientes cosas, qué bien esto de tener un guía:

-El Palacio y los jardines de Kadriorg, o la residencia presidencial. También alberga un museo de arte.


-Russalka Monument. Una estatua construida en honor al barco armado Russalka que a finales del siglo XIX se hundió en el trayecto de Tallin a Helsinki, muriendo toda la tripulación.


-La Ciudad Medieval o Casco Histórico. Todo lo que viene a continuación se encuentra aquí.


-La plaza del Ayuntamiento frente unos edificios de tonos pastel.



-La Raeapteek o farmacia municipal. Aquí me senté a ver la plaza y notaba que todo el mundo me estaba haciendo fotos. En realidad estaban fotografiando la botica más antigua de Estonia, que funciona desde 1422.


-Paks Margareeta o el baluarte de Margarita la Gorda. Even me contó que estaba construido en piedra caliza.


-Un monumento en memoria de las 852 personas que murieron en el hundimiento de un ferry de pasajeros en Estonia el 28 de septiembre de 1994. Se pueden leer todos los nombres de las víctimas.


-La catedral de Alexander Nevsky es una preciosa catedral ortodoxa construída en la colina de Toompea en el año 1900, cuando Estonia formaba parte del imperio zarista ruso. La foto la he robado, se me olvidó sacar la cámara.


Me despedí de Even porque tenía que ir a su pueblo a visitar a sus padres. Espero encontrame más Evenes por mi viaje. El día siguiente estaría de relax por Tallin hasta la hora de tomar un barco a Helsinki.
Head aega, repúblicas bálticas!

sábado, 10 de octubre de 2009

TARTU, Estonia


Me desperté dando tumbos en el hostal de Riga, para viajar a Tartu, la ciudad más importante de Estonia tras la capital. Coincidí en el pasillo con la gente que llegaba de fiesta y nos despedimos con abrazos y “te echaré de menos” en distintos idiomas.
Tomé un bus a las 8:30 por 10,90 Lv ó 15,50€.
Llegué a Tartu a las 12:30. Todos los carteles estabam en un idioma incomprensible; pero quería comer algo. Me dirijí a un puesto de comida y me encontré con el siguiente cartel y una tendera que no sabía inglés.



Como siempre, queda lo de señalar con el dedo -lo que sea-, que de todos modos me daría algo de comer, no creo que me vendiera un paquete de tornillos. Al final comí una especie de Kebap, sentada en un bonito y florido parque, esperando a que llegar Karl, el couchsurfer que me iba a alojar.
Cuando vino no me reconoció y pasó varias veces delante de mí, supongo que tenía peor aspecto que en mi perfil de couchsurfing, es lo que pasa cuando se está de viaje. Lo de cuidar la imagen se vuelve algo menos que secundario. Fuimos al supermercado y después a su casa. El camino a su casa no tenía nada que ver con el cuidado centro de Tartu. Algunas calles estaban sin pavimentar y otras viviendas de madera parecía que se iban a caer por momentos. Vi una niña de unos once años vendiendo periódicos.
(La foto es del centro)


Karl vívía en un pequeño piso para un persona, eso sí, con su buen ordenador y pantallaza; se nota que estudia Ingeniería Informática. Como ambos estábamos cansados, nos pusimos a ver una peli. No sé cual, pero era una japonesa en blanco y negro en versión original con subtítulos en inglés. Me quedé sobada a los pocos minutos y no volví a despertarme cuatro horas después. Se debió pensar que era una chica extremadamente aburrida y no me extraña. Poca conversación le debí dar.


Cuando me desperté me preguntó si quería salir de fiesta. ¡Claro que sí!
Tras tomar unas cervezas en el parque junto a su casa nos fuimos a una fiesta de anime japonés. La gente iba disfrazada y repartían sushi. De pronto empezaron a poner música de Estopa y flamenco a lo que la gente intentaba bailarlo. Recapitulemos: Estonios disfrazados de dibujo manga bailando flamenco.
Cuando nos aburrimos cambiamos de bar. Se empeñó en ir a uno que decía que estaba muy bien, pero no le dejaron entrar. Me dijo: “seguramente nos han echado porque me intenté ligar a la novia del portero”. Me parece razonable.

Al día siguiente me fui a ver la ciudad. Y me encontré con lo siguiente:

-La casa más antigua de Tartu en la esquina entre las calle Jaani y Lai, del siglo XVIII. Se puede entrar a cotillear, los muebles siguen ahí, incluso hay una jaula con dos canarios, que digo yo que los habrán ido renovando.


-En la misma calle, la Jaani Kirik (o iglesia de San Juan).



-La Universidad de Tartu, fundada en 1632 por el rey sueco Gustavo Adolfo II. Tartu es la ciudad estudiantil de Estonia; el 20% de su población son estudiantes (sobre 100 000 habitantes).



-El Ayuntamiento y su Plaza Roja, rodeada de cafeterías. Lo más destacado es la fuente de los dos estudiantes besándose, que se convirtió en el símbolo de la ciudad.





-Crucé el río por el puente que sigue por la calle Raekoja Plats. En la otra orilla había mucho bullicio, restaurantes y tenderetes de todo tipo, sobre todo de canoas, cañas de pescar, etc. Apareció “un barco pirata”.


Cuando vi que no le podía sacar más jugo a una ciudad de estudiantes en agosto, me despedí de Karl y tomé un bus hacia la capital, Tallin.
Termino con la típica señal de tráfico que cada vez que la veo pienso en Jack Nicholson intentando no pisar las líneas del paso de cebra.

viernes, 7 de noviembre de 2008

PRAGA, República Checa

En un maravilloso autobús de la agencia Student Agency nos fuimos por unos pocos euros de Pilsen a Praga. Lo de maravilloso viene porque te ponen peli, los asientos son cómodos, puedes escuchar música y te invitan a un café (siempre me entra modorra en el bus, un café es lo mejor que pueden darme).

Había quedado con el también maño Javier, para ir a su residencia, pero no cogía el móvil. Nos fuimos a un hostal. La recepcionista casualmente estaba intentando escribir un email en español muy chungo y nos pidió ayuda. Tras haber desplegado el chiringuito de bultos en recepción, accedimos muy gustosamente a ayudarla. Peeero, entonces vimos el negocio y le pedimos chequear mi email.
-“Yes of course”-. En efecto, había recibido un mail en el que Javier me daba el número de “su colega” porque se había dejado el suyo en Budapest.

Nos despedimos y nos fuimos a su residencia. Se trataba de una enorme residencia lejos de todo, en Hostivar. Unos ocho edificios llenos de estudiantes. Vamos, que en los mismos pasillos se montan unas fiestas del copón. Ahí nos dejaron una habitación entera para nosotros tres de unas españolas –Neus y Belén- que se habían ido a pasar unos días a Cracovia.

Nos dispusimos a salir de fiesta. Para ello probamos el método checo de beber. Porque ya se sabe el dicho “A donde fueres, bebe lo que encuentres”. Se trataba detomar un chupito de vodka y antes de respirar, dar un trago a un zumo de naranja. No sabe alcohol y te podías beber tranquilamente seis, por lo que acababas con un pedo gracioso de una duración más que prolongada.

Tras este show en la calle nos fuimos a la discoteca Búnker. El nombre no es un alarde de creatividad, porque se trata realmente de un búnker en donde disfrutamos una noche de Techno-trance. Decoración cuidada, cerveza buena y barata; y mucho baile. Había un Erasmus de Georgia. Me entraron ganas de preguntarle algo de su país debido a mi gran desconocimiento del lugar.
Al día siguiente, nos fuimos a ver la ciudad. La plaza de la Ciudad Vieja, en donde se encuentra el mítico reloj y cientos de turistas esperando a que a la hora en punto salgan los autómatas del reloj. El show es una tontería, vaya, totalmente prescindible. Pero los edificios que la rodean bien merecen un paseo.

Volvamos al reloj. Éste no se hizo para dar la hora exacta, sino que reproduce las órbitas del Sol y de la Luna alrededor de la Tierra. Además, registra tres clases diferentes de hora (la de Bohemia con números arábigos, la hora vigente en números romanos y el cielo dividido en doce estadios. También tiene un esqueleto simbolizando a la muerte, un turco que es la imagen de la lujuria (¿por qué?), la vanidad (un tío mirándose a un espejo) y la avaricia.

Seguimos paseando evitando los odiosos paquetes turísticos de españoles y japoneses (ambos, los más pesados y numerosos del mundo). En la misma plaza tenemos la Iglesia de Nuestra Señora del Tyn, la cual impresiona más de noche (lo que parecía el castillo del Conde Drácula, de día parece el convento de las Clarisas).

Pasando por tiendas de souvenirs y marionetas, llegamos al puente peatonal de Carlos IV hacia Malá Strana. Cruza el anchísimo río Moldaba pero eso es lo de menos. En el mismo puente se reúnen artistas como músicos, artesanos, caricaturistas, etc; y termina en unas torres (las Torres de Malá Strana) de estilo gótico, construidas a finales del siglo XIV. Muy gonito.

Fuimos callejeando, viendo tiendas de marionetas y descubriendo curiosas costumbres como la de colgar candados en las vallas a modo de recuerdo.

Una vez cubierta la parte cultural viene la cena y la cerveza; que aquí se hace pronto de noche.
Es increíble la oferta nocturna de Praga. ¿Qué quieres salir un lunes? Pues acabas a las siete con una cogorza elegante, ¿Un sábado?, ¿un domingo? Como usted quiera. Y así fue. Si es que lo ponen a güevo para que nuestros queridos Erasmuses vivan más de noche que de día: amplia oferta nocturna, poco que estudiar, cerveza buenísima a precio de risa, ambiente todos los días…
Otra cosa que no sale en las guías es lo fácil que es colarse en el tranvía. Basta con hacerse el dormido, como los checos. Aunque en una ocasión me dormí de verdad y en la última parada el conductor me despertó gritando y sacudiéndome, a lo que salí corriendo como si el diablo me persiguiera.
Fuimos un día a una discoteca de decoración futurista y psicodélica (en la que ponían Hard Techno) y otro día a una discoteca pija, Deluxe, en lo alto de un edificio, con cristaleras incluidas a lo escena final de El club de la lucha. Aquí había fiesta afrolatina, es decir, un grupo de batukada tocaba (muy bien) mientras checos sin estilo y brasileñas con mucho ritmo, bailaban sin parar.



También pillamos una terrorífica fiesta Erasmus en otro bar, con música ochentera.

Seguimos viendo la ciudad. Vimos el famoso edificio de Frank Ghery, dimos un paseo por el barrio judío, nos subimos a una montañica en donde estaba el castillo de Praga: enorme y lleno de turistas. Ojo con las gárgolas de la Catedral de san Vito, impresionantes.

Aún quedaba algo muy típico por hacer. Ir a la ópera.
Nos metimos a ver la función Josufa, por dos euros. Se trataba de una ópera teatralizada en perfecto checo, pero como curiosidad, había subtítulos en alemán yen inglés. Por supuesto, alquilamos unos prismáticos dorados. A la salida me salía la voz en soprano.
Praga, fue más fiesta que cultura, aunque en la cultura también se engloba la fiesta, ¿por qué no? Bonita ciudad, por cierto.

Ganesh está con resaca.