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viernes, 6 de febrero de 2009

BOMBAY (Mumbay), India


04:00 a. m. Es de noche y el avión ha descendido casi del todo, estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Bombay. De repente el aeropuerto desaparece, incluso la pista. ¿Dónde está? Ah, no, que ha habido un apagón y claro, ya no se ve ni la pista. Ese sería el primer apagón de luz que presenciaríamos en la India, pero es que ¡ha sido antes de llegar!

Entramos a la terminal y la primera imagen con la que nos deleita la India es la siguiente.
Un cartel que dice bien grande “Work in progress”, debajo dos policías durmiendo.

Pasamos por inmigración y vamos a la cinta de los equipajes en una sala que tenía el techo destrozado. Cuando digo destrozado es destrozado.

Como cándidos novatos, no nos atrevíamos a salir del aeropuerto de noche y esperamos a que empezara a amanecer. Estuvimos hablando con un indio que venía de estar dos años como profesor de universidad en Barcelona y que ahora se volvía, porque no le habían renovado el contrato.

Cogemos un taxi mediante el prepago del aeropuerto. Más tarde nos daríamos cuenta de que es mejor pasar de eso e intentar regatear con cualquier taxista. Nos dirigíamos al barrio de Colaba, en el centro, para buscar un hotel.

El camino en taxi fue muy impactante
. Mucha gente durmiendo en la calle, barriadas de chabolas mugrientas y el cinismo de poner entremedio carteles comerciales de telefonía o televisores de pantalla plana; rascacielos que se han quedado viejos antes de terminarlos y casas podridas.

Pienso que no hay nada más terrible que la pobreza que se da en la periferia de una gran urbe, pues sus habitantes carecen de los recursos naturales que les puedan cubrir aquellas necesidades básicas, sino que se tienen que contentar con los desechos de los ciudadanos en unas condiciones muy insalubres.

De repente, estamos en un mercado de frutas y flores. Apenas había amanecido, ya estaba la calle abarrotada de gente y puestos de todos los colores (y olores). El taxista hacía esfuerzos por pasar entre medio, pues parece que no soportan conducir despacio. Es mundialmente conocida la temeridad con la que conducen los indios; en una ocasión en la que pasamos entre un camión y un coche, pude ver pasar mi vida en Power Point, así que decidí no mirar más adelante.

Cuando llegamos a Colaba un señor con la peor dentadura que he visto en mi vida, nos perseguía y es que Andrés firmó nuestra sentencia de muerte al darle unas rupias. Incluso en una ocasión que fuimos a desayunar al bar Leopold (recientemente destrozado por los ataques islamistas), el hombre nos esperó en la entrada a que saliéramos. Le apodamos “El Dientes” y debía ser conocido por la zona, porque cuando nos persiguió hacia el hotel, le cerraron las puertas en las narices.
Al cabo de unos días desapareció, probablemente muriera, ni idea.

Nos quedamos en el hostal Volga II. Nuestra habitación era un cuchitril mugriento en el que a duras penas nos metimos los cuatro. A mí me daba reparo acercarme mucho a la pared y sobre todo abrir la ventana, porque había una microfauna en el marco a la que sólo les faltaba saludar por las mañanas.
En el mismo hotel me duché con un cuervo mirándome por la ventana. Temí que me sacara los ojos.

Nos echamos a dormir y me eché la bronca mentalmente por ser tan niñata. Por haberme sentido capaz de viajar por la India, y ahora estar asustada y divagando me quedé dormida. Al despertar los pensamientos negativos habían desaparecido y ya sólo quería ver la ciudad. Y la verdad es que Bombay por la tarde, es muy diferente a Bombay al amanecer; está abarrotada de gente, llena de tenderetes, coches y con mucho más ruido.

Salimos a pasear por esta ciudad de 22 millones de habitantes. Probablemente más, porque es difícil mantener un censo en la India. La ciudad es el principal centro económico de la India y alberga a la mayor industria cinematográfica del mundo, Bollywood, a la que acabaríamos conociendo.

Fuimos a la Puerta de Bombay, en donde se encuentra una gran plaza con todo tipo de vendedores. La Puerta de Bombay fue construida en honor a la visita que hicieron Jorge V y Maria von Teca a la India en el año 1911. Irónicamente, éste fue el lugar elegido por los británicos para dar el adiós definitivo a la India.


Enfrente están los hoteles más lujosos, como el Taj Mahal Hotel y tiendas de lujo. De repente nos pilló el monzón pero como queríamos ver más, no volvimos al hotel, y nos mojamos enteritos. Llevábamos chubasquero, pero éste no funciona con tanta humedad. Lo mejor es utilizar un paraguas, que es lo que usan ellos. Por cierto, me gusta cómo visten las mujeres, cada sari es diferente y siempre queda elegante. Así como sus melenas negras y brillantes. Se lo comento a Asun y me cuenta que, de hecho, la India es un gran exportador de cabello para pelucas.

El atuendo de los hombres, lo mencionaré más adelante.


Seguimos caminando por unas calles coronadas por inmensos árboles y edificaciones inglesas de la época colonial: no han sabido cuidarlas, pero podemos hacernos una idea de cómo pudo haber sido Bombay a principios del siglo XX. Me doy la vuelta y veo a Andrés hablando con un hombre, que le intentó meter un alambre por la oreja. Asustado vino corriendo y nos reímos de que alguien hubiera intentado violarle el oído. Lo que ocurre, es que aquí existe un oficio llamado “limpiador de orejas”. ¡Pero deberían avisar!

Cuando ya no sabíamos qué hacer, fuimos al cine Regal, el más importante de Bombay, a ver la película India “Rock on”. Primero hubo anuncios, advertencias legales como “no te bajes la música de la película, compra el CD” y de repente, los espectadores se habían puesto en pie y cantaban el himno de la India, mientras una bandera en 3D ondeaba en la pantalla.






El film resultó ser La Película Definitiva. Tenía de todo: acción, amor, celos, música, lujo, fiestas, persecuciones, peleas… ¡Por eso duró tres horas!

Unos meses más tarde, escucharía la banda sonora de esta película en Radio La Granja (Zaragoza, 102.10), me hizo mucha ilusión, me entraron ganas de correr al estudio y pegarles un abrazo a los simpáticos fumaos que ahí trabajan.





Después de este empacho fílmico fuimos a tomar unas cervezas Kingfisher a un bar en el que había que pagar 10 rupias por cada canción que quisiéramos escuchar con la jugbox. Cerveza a cerveza, canción a canción estuvimos haciendo el bobo hasta que el sueño pudo con nosotros. De camino al hotel, una imagen triste se extendía a lo largo de la calle. Mujeres, hombres, bebés, adolescentes: familias en definitiva malvivían en la calle. Su casa no era más que alguna bolsa de plástico y una sábana en el suelo; y a veces ni eso. Algunos ponían un plástico atado a la pared y al suelo, para cobijarse bajo el espacio triangular que queda entre medio. Como para tener algo de intimidad que confiriese algo de dignidad a ese minúsculo espacio, que era una vivienda familiar.

En cuanto llegamos a nuestro cuchitril, comentamos lo que habíamos visto en el día, demasiada información en tan poco tiempo. Cuando apagamos la luz recibí un sms de mi padre. Había aprobado todas las asignaturas. Lo que quiere decir que he terminado la carrera. El mensaje me había sacado de la India, para transportarme a mi mundo, aquel en el que están todas las necesidades cubiertas y nos alegramos por cosas como terminar la carrera. No creo que ninguna de las pobres familias que acababa de ver, pudieran algún día alegrase por algo así. Espero el día en el que las cosas cambien para ellos. Nosotros sabemos que aunque estemos “en crisis” siempre vamos a tener de todo, lo que nos hace a veces ver las cosas desde fuera, en vez de pensar que si hemos nacido en el primer mundo, ha sido una cuestión de suerte, no de méritos.

Volvamos a asuntos más alegres.


Al día siguiente me levanté a comprar algo para desayunar y un chico me paró para decirme que si quería ser extra de Bollywood. Mmmm, ¡claro! Por supuesto apunté a mis amigos.

Lo que se hace aquí, por lo que hemos hecho en dos ocasiones, es que te paran por la calle en Colaba, te apuntan en una libreta y te hacen prometer que al día siguiente estarías a cierta hora en el McDonalds. Tras esto hicimos una visita a la isla Elefanta que está a media hora en barco y a la vuelta, nos sentamos a ver la puesta del Sol en la playa de Chowpatty.





Ahí produjimos una pelea por culpa de nuestra ignorancia. Primero una niña muy pequeña nos rondaba y Andrés le dio una propina. Entonces vino otro niño a pedirnos.

Como no había comido nada en todo el día, me compré una mazorca de maíz y cuando fui a darle la mitad, otra niña más espabilada la cogió y comenzaron a pegarse.

Cuando ya nos íbamos nos siguió el niño que se había quedado sin nada y mi amigo le soltó 60 rupias, que es bastante como para una limosna.
Al cabo de un rato fue el colmo, nos vino un chaval de unos siete años con un bebé en brazos para dar más pena. Lo peor es que aquí son tratados como perros, casi no hay diferencia; y es lo que más me ha dolido: que se traten e los niños como si fueran animales, cuando ellos son lo más bello que hay en este mundo, y también, los más indefensos.
De lejos vimos que el niño fue a hacerle chinchar a la otra, y se pegaron.
Repito: dar limosnas a los críos no hace nada bueno.



A la vuelta, habían cerrado la carretera principal en ambas direcciones y se había montado un atasco impresionante. Si los indios ya son tan aficionados a tocar el claxon porque sí, en esos momentos no se podía oír otra cosa, más que bocinas. Un estrépito apoteósico, del que me arrepiento no haber hecho un vídeo.


Le pregunté a una pareja el motivo de este caos y me dijeron tranquilamente, que venía un político a hablar a aquellas gradas. Como mis amigos estaban cansados no nos quedamos a ver el miting, pero me hubiera gustado.

Estoy escribiendo estas líneas, tiempo después de que Bombay sufriera los atentados islámicos. Algunos lugares que he descrito quedaron destrozados, como el bar Leopold; y otros quedaron cubiertos de sangre, como la estación Victoria. La información que hemos recibido en España, se centraba en Esperanza Aguirre y en que no había ninguna víctima -mortal- española.

Han muerto unas 190 personas de nacionalidad india, italiana, alemana, australiana, japonesa, británica, etc. Pero tranquilos, que españoles ninguno. ¿Por qué sólo nos parece importante lo nuestro?, ¿A mí qué me importa que la Espe tenga un trauma, mientras han muerto 190 personas?
Es más, he visto algunos titulares, como el de el Periódico. com que decía "Esperanza Aguirre e Ignasi Guardans, sorprendidos por varios atentados en Bombay". ¿Por qué le dedican más tiempo a esta señora que a profundizar en el atentado y sus causas?
No estamos bien informados y parece que lo aceptamos; así que no puedo decir nada que no haya visto en los medios.




ISLA ELEFANTA, India

La Isla Elefante es una pequeña isla cercana a Bombay, con una exuberante naturaleza, cuevas hindúes y habitada por una pequeña comunidad de pescadores. Su nombre fue dado por los portugueses, en alusión a los elefantes de piedra que adornaban el puerto de entrada a la isla, que fueron retirados. ¡Por eso no encontramos ninguna estatua de elefante!




Para ir a la isla, tomamos un barco desde el puerto de Colaba, de más o menos una hora de duración. Aunque había un cartel que prohibía hacer fotos durante el trayecto, todo el mundo las hacía. Nos sorprendió que el agua estuviera tan sucia en el puerto, lo peor es que conforme avanzamos mar adentro, el agua no cambió su color pardo en ningún momento. ¿Hay alguna ley que regule la contaminación de los mares en la India?


Al llegar tuvimos que pagar por la entrada, por supuesto, el precio estipulado para los turistas es muy superior a lo que tienen que pagar los indios. Es algo inevitable.
Lo primero que nos encontramos fue una gran familia de monos. Desde que secuestraron mi piragua en Tailandia y me arañaran el brazo, ya no me fío de ellos. Pero sin quererlo me hacen gracia; son como personitas sin normas. Descarados, brutos y divertidos. Les hicimos una ronda de fotos y en la que me puse yo, se pusieron a fornicar de inmediato.

Hablemos de la isla, que es más bonita. La principal atracción histórica, en la entrada de un templo tallado en la montaña, se encuentra la famosa Trimurti: el Señor Brahmā (el creador), el Señor Vishnú (el preservador) y el Señor Śiva (el destructor del universo). Actualmente, estas cuevas están en la lista de la UNESCO del Patrimonio de la Humanidad.


Un templo que se le gana terreno a la roca de la montaña, con el único material que ésta proporciona. Podemos encontrar bajorrelieves hindúes y unes esculturas de forma fálica llamadas Lingam.
Seguimos caminando por unas escaleras que llevaban a lo alto de la colina y nos dimos un paseo por la selvática isla.
Un bonito lugar que visitar en Bombay, si se quiere escapar del ruido y el caos por unas horas.

jueves, 5 de febrero de 2009

ANKLESHWAR, El internado de la esperanza




Joaquín, tío de Andrés es un misionero jesuita, pero sobre todo, se dedica a mejorar esta zona de la India. Esa es su ocupación desde hace cuarenta años, y en la India se siente como en su casa. Nos comentó que mientras nos estaba esperando en la estación de tren, a una chica se le cayó una bolsa de cacahuetes al suelo; inmediatamente vino una cabra y se los comió. No es una historia alucinante, pero Joaquín añadió:
-Eso en Pamplona no se ve.
Nuestro europeo y “desarrollado” país puede ser aburrido para alguien acostumbrado a la India: al bullicio y al libre albedrío.
Nos recogió en su jeep y nos llevó a su internado. Cientos de niños uniformados nos esperaban con collares de flores, para darnos la bienvenida.




-Éste casi muere por picadura de cobra.-Sus padres tienen la lepra.
-Su madre envenenó a su padre.
-Ésta vivía en un pueblo llenísimo de suciedad.


Cada niño tiene una historia y el padre Joaquín se las conoce, como conoce a cada familia de cada uno de los 250 niños. Éstos son adivasi o descastados y muchos, ni siquiera son admitidos en las escuelas habituales. En cambio aquí obtienen educación, alojamiento, comida, ropa y mucho amor. Se les recuerda que son personas dignas, que no son menos que los demás; además, cuando superan el décimo curso, pueden pasar a hacer una FP y ser algo en la vida para no ser explotados por los ricos.



Son pocos los que llevan el internado, unas cinco personas, pero los niños han aprendido a servirse la comida, a lavarse la ropa y a asearse ellos solos.
Joaquín nos iba enseñando las instalaciones y no pude evitar emocionarme. Demasiada vitalidad, demasiada alegría junta, como un oasis de esperanza, en medio de una zona deprimida de la India.
Pasamos por el campo de fútbol, por el campo de baloncesto; y a medida que nos acercábamos los niños corrían a jugar a fútbol, a baloncesto, como si nos quisieran explicar para qué sirve cada territorio. Por ejemplo, cuando nos dirigíamos a la piscina, todos corrieron en tropel, desnudándose al mismo tiempo para zambullirse en el agua.


Risas, miradas limpias de ojos enormes y oscuros. Dicen que de la India, nadie se olvida de sus ojos.
Todo les hace mucha ilusión, para cualquier juego, ponen su empeño y parecen pasárselo muy bien. Les pusimos a jugar al limbo, a hacer malabares con piedras, incluso bailaron la Macarena, y si te descuidas, hasta se aprenden la canción.






También hay 165 niñas que son cuidadas por monjas, con normas más estrictas. Los chavales le llaman “Pakistán” al edificio de las niñas. ¿Por qué? Porque son el enemigo, dicen. Pero eso no es verdad, porque todos tienen clase de canto en común, aprovechan para arreglarse y las niñas se ponen sus mejores sharis.









Joaquín está al tanto de los niños que viven por los pueblos de alrededor y cuando cumplen una edad mínima, acude a convencer a los padres para que los lleven al internado. Esa es la parte más complicada, pues les cuesta entender que eso es lo mejor pasa sus hijos.También hay niños huérfanos y eso en el internado sólo se nota los domingos, el día de las visitas familiares. Pasamos unos días aquí; los niños nos seguían a todas partes con sus ojos bien abiertos y Joaquín nos contaba historias increíbles y curiosidades que de otra forma no sabríamos.
No sólo se dedica a los niños, sino que cuando se entera de que alguien tiene un problema, acude en su ayuda. Unos barqueros tenían unos botes destrozados y el cura consiguió dinero para comprar unos nuevos botes y redes para pescar. Ha construido casas o por ejemplo, la cocinera Manjula, que fue abandonada por su marido y Joaquín la invitó a quedarse a vivir al internado. ¡Y cocina tortillas de patata!
La gente que vuelve hastiada de que siempre intenten timar al turista en la India, seguro que no ha estado aquí, donde la gente es muy amable.

Nos invitaron a una festividad de comida de Kerala. Un señor hizo un discurso y nos hizo encender unas velas y después nos sentaron en el suelo, junto con mucha más gente, a comer sus peculiares manjares.


Como todo el mundo estaba atento a nosotros, no pude dejarme la comida hiperpicante y con mucho esfuerzo y sudor (y con las manos) me lo conseguí comer. Desde entonces soy insensible al picante. A Asun se le puso el flequillo con forma de código de barras.

A mi lado había una monja cristiana que hablaba inglés y me preguntaba muchas cosas poniéndome su mano sobre mi hombro, parecía que me estuviera pasando parte de su paz interior aquella mujer de habla pausada. Por supuesto, mi curiosidad también hizo que le acribillara a preguntas. Nada como cotillear con una india. Cuando terminamos de comer, todo el mundo se levantó. Aquí no hacen sobremesa, porque como se come con las manos y la comida lleva muchas salsas, hay que correr a lavárselas. En el internado estábamos a gusto a pesar de llegar con el monzón. Tampoco olvidaré las conversaciones nocturnas en la terraza con Guille y Asun, cuando todo el mundo estaba dormido y sólo se escuchaba el ruido de la vegetación. Hablábamos sobre lo que significa para nosotros viajar, soñábamos con futuros proyectos como Siberia o Mongolia, comentábamos lo que habíamos aprendido durante el día y no éramos del todo conscientes, de que nuestro viaje no había hecho, sino empezar.



miércoles, 4 de febrero de 2009

RAIMA, Una pequeña comunidad


El padre Joaquín nos dijo que tenía que ir a un pueblo a dar una misa y que si queríamos acompañarle. Por supuesto que accedimos, aunque no sea creyente, siempre es interesante.

Por el camino nos contó que en Gujarat existe la Ley Seca pero que en muchas casas se destila su propio alcohol a base de caña de azúcar y elementos que favorecen su fermentación, como orín y pilas. Oficialmente, no se permite el alcohol, en honor a Gandhi; pero en realidad el motivo es que a la policía le interesa quedarse con las comisiones que reciben de cada hogar que fabrica licor. También nos dijo que por el camino hacia Raima, era común encontrarse con osos, hienas y chacales. Le pido a Ganesh que no aparezca ninguno de ellos.

Somos los primeros occidentales que llegamos al pueblo (excepto Joaquín) y también nos recibieron con collares de flores.
Raima tiene el aspecto de un Belén viviente, con sus humildes casas de techazo de paja y cabras atadas en la entrada de las viviendas. Primero fuimos a la casa de una chica que se había quedado huérfana recientemente. Ella estudiaba en el colegio de Joaquín y en una ocasión en la que sus padres le habían ido a visitar, tuvieron un trágico accidente de moto. Había montado un pequeño altar a Jesús con espumillones, luces, etc; estilo indio. La gente del pueblo vino también con nosotros y en cada casa en la que estuvimos, era difícil saber quién vivía en cada una, porque todas se llenaban de gente. Era una comunidad, una gran familia y parecían felices a pesar de la miseria. La gente nos estrechaba las manos diciendo “Namasté” y nos sonreían. Los niños jugaban con los globos que les habíamos traído. No podían hablarnos pero sí a Joaquín, que nos traducía lo que decían.

La misa fue un espectáculo. El colegio del pueblo hacía las veces de iglesia. Nos descalzamos en la entrada y cogimos sitio en el suelo; a la izquierda las mujeres y a la derecha los hombres (de vez en cuando pasaba alguna cucaracha a mi lado). Por supuesto no entendí nada, porque la misa era en gujarati. Las canciones de misa, en gujarati también y lo más curioso, unas cuantas personas tocaban instrumentos indios en una esquina, lo que creaba un ambiente muy místico. Ni siquiera me di cuenta de que todos los bichos estaban yendo a mi collar de flores… Ese día comulgamos, porque la gente está atenta a lo que hacemos. Guillermo nunca había comulgado así que se puede decir que hizo su primera comunión en Raima, un pueblecito perdido en el interior de la India.
Después fuimos a comer a casa de una familia, habían preparado arroz, una carne de muy poca calidad, chapatis muy fritos y unos dulces muy mantecosos. Para ellos era un auténtico festín. Una muestra de hospitalidad, que no veríamos en las ciudades del resto de nuestra hoja de ruta. Aquellas en las que pasan turistas.