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lunes, 13 de abril de 2009

ESTAMBUL, Turquía


Participantes: Los Fernández Tuesta (ambos progenitores, hermano y yo).

Este es un viaje excepcional. Estoy acostumbrada a dormir en aeropuertos, compartir habitación con desconocidos, meterme en casas de gente, padecer interminables escalas, comer poco y a hacer el pino con la oreja. Esta vez viajamos de lujo debido al 30 aniversario de mis padres, agravado por el cumpleaños de mi hermano y quizá, porque el mes que viene me voy un año a trabajar a Alemania.

Tomamos un vuelo directo Zaragoza- Estambul, pues en Semana Santa añaden destinos como Túnez, Praga o Malta





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Al llegar al aeropuerto turco hay que pagar 10€ si eres español (concepto de visado) y a continuación otra cola para revisar el pasaporte.

Nos alojamos en el Hotel Barceló. Baños turcos, piscina, TV con canales internacionales y un desayuno que hace que una no se fije en los miles de puestos de comida durante el día. No recuerdo la última vez que dormí en un hotel. Pero no os asustéis, no hemos perdido la esencia y puede que lo que escriba a continuación os sirva como una pequeña guía de la única ciudad entre dos continentes, Estambul.


Cuando llegamos a las 2 de la mañana las tiendas y Kebabs seguían abiertos y había gente por la calle; imaginaros durante el día, 15 millones de habitantes y una ingente cantidad de turistas, sobre todo españoles. Como una señora cordobesa me comentó “Parece que han volcado España sobre Estambul”. Lo bueno es que éstos se concentran en los monumentos y basta con callejear un poco para alejarse de ellos y sentirse explorador (qué simples somos).






El primer día vamos al palacio de Topkapi , construido en el siglo XV, al poco de tomar Constantinopla. El palacio, rodeado de exquisitos jardines, tiene diferentes salas como la de los tesoros, en donde se guardan las pertenencias de Mahoma y un hombre lee el Corán continuamente. Así como la biblioteca de Ahmet II y el harén en donde vivían las esposas del Sultán. Como la casa Playboy, pero en otomano (la entrada se paga a parte, 10 TL).



Tened en cuenta que no hablo de algo tan antiguo. Solía haber en torno a 1000 concubinas y en 1909 salió del harén la última mujer.



Algo bueno de Estambul, es que lo más destacable se encuentra en la misma zona., así que de aquí vamos a la Cisterna de la Basílica.



La entrada se encuentra un poco escondida, junto a la basílica de Santa Sofía, pero si preguntas la encontrarás. Una enorme construcción subterránea del año 532 para almacenar agua. El turista sólo puede ver un tercio del recinto, y eso que ya es bastante grande. No hay que perderse las columnas con cabezas de Medusa. Esto se debe a que los bizantinos utilizaron materiales procedentes de edificios anteriores.



Parada para comer un Kebab y probar la bebida típica de aquí, el Ayran. Yogur líquido salado, algo así como zumo de queso de Burgos.

A seguir caminando, pero no mucho porque como ya he dicho antes, está todo cerca.



La plaza de Sultanahmet, la más turística porque, rodeando jardines de tulipanes, se encuentran mirándose entre sí la Basílica de Santa Sofía y la Mezquita Azul.

La Mezquita Azul es enorme, equilibrada, magnífica. La que más me ha impresionado aunque hay otras en Estambul que tampoco se quedan cortas.



Los hombres se lavan los pies antes de entrar y las mujeres se cubren la cabeza –yo también-.

A la salida mientras me ponía las zapatillas dos señores me hablaron en turco, como no entendía nada me preguntaron si era árabe. “No… I´m spanish…”

Me daba corte quitarme el velo delante de ellos mirándome, tenía la extraña sensación de que me iba a desnudar.



Nada mejor para terminar el día como un crucero por el Bósforo al atardecer.

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Si te paseas por el puerto de Eminou alguien te ofrecerá un pasaje para este recorrido al grito de “Bósforo, Bósforo, Bósforo…”. Intenta decirlo rápido. El viaje dura en torno a una hora y se puede ver la mezquita de Ortakoy, el palacio de Dolmabahce y el puente del Bósforo, el único que une Europa con Asia. Por ver, vi hasta delfines.



El segundo día lo iniciamos en el antiguo Hipódromo en donde podemos ver un monolito egipcio y otro romano. A esta ciudad no le falta historia.

El monolito egipcio es de una pieza. Lo tallaban en el suelo y después había que levantarlo. Los romanos son más prácticos y lo construyeron por bloques.




Tomamos el maravilloso tranvía (1,40 TL) y nos plantamos en el palacio de Dolmabahce.

Las visitas se realizan con guía en inglés y a la entrada te dan un folleto explicativo en español de cada estancia, así que no hace falta que aburra a las avutardas contando todo lo que hay aquí.



Resumiendo, es un palacio del estilo de la realeza europea; barroco y rococó muy recargado con objetos inmensos y dorados, lámparas gigantes de araña (aquí se encuentra la mayor de Europa), terciopelo, tapices y una gran escalera de barrotes de cristal inglés. También hay un harén y unas estancias en las que vivió Ataturk. Cómo no, está rodeado de jardines perfectamente floreados que dan directamente al mar.



En frente, hay una calle muy en cuesta que te lleva a la plaza Taksim. Un alborotado lugar en cuyo centro alberga el monumento a la Independencia que representa a Ataturk.

Ataturk significa “Padre de todos los turcos”, -¡Vaya humos!-.




Hay muchos puestos de flores de todos los colores, ¡incluso rosas azules y negras! Callejear por los alrededores también es interesante para encontrarte peculiares comercios y señores jugando al Backgammon.


Siguiendo la ruta del pequeño tranvía antiguo que para en la plaza Taksim, llegamos a una interminable calle, Istiklal Caddesi, llena de tiendas de todo tipo y mucha, mucha gente. Un callejón en donde se reúnen las tiendas de instrumentos unen ésta con la Torre Galata.



La Torre Galata la construyeron los venecianos para vigilar el tránsito marítimo. Mide 60 metros de altura pero no os preocupéis, tiene ascensor. Desde lo alto se tienen unas magníficas vistas de la zona del Cuerno de Oro. No apto para personas con vértigo (mi padre y mi hermano, que estaban blancos).

Dicen que un hombre saltó desde aquí con unas alas fabricadas y que llegó a un pueblo de los alrededores de Estambul.

Terminamos en la Mezquita Nueva, junto al puerto y nos vamos a cenar al barrio de pescadores.

Venden el pescado tan fresco que vi una bolsa moviéndose sobre una báscula para vender. Estaba llena de peces aún vivos y coleando.

También se puede comprar pescado cocinado, claro, y para eso hay muchos restaurantes que intentan captarte para que cenes ahí. En uno nos dijeron “Aquí comió el Antonio Bandeas turco, mucha carisma”, o “Marta Sánchez, Bustamante, Zapatero y Sonsoles comieron aquí”.



A la vuelta, como era tarde, tuvimos que comprar el ticket de tranvía en un Kebab. Se me ocurre un sketch tipo “las empanadillas de Móstoles” mezclando kebabs de ida y vuelta con salsa de tranvía…

Tercer día, visita a la Basílica de Santa Sofía, en la zona de Sultanahmet. Esta basílica construida en el siglo VI era bizantina, pero cuando fue conquistada por los musulmanes, Solimán el Magnífico en vez de destruirla, la modificó añadiéndole minaretes. Por eso en su interior podemos ver tanto mosaicos cristianos como tondos caligráficos (los cuadros circulares con nombres árabes).



Cambiando de tema, Estambul ha sido un punto estratégico en el comercio de las especias. Junto a la Mezquita Nueva se encuentra el Bazar de las especias, que fue construido con los impuestos de las importaciones egipcias. Ahora venden también otros comestibles, bisutería y sobre todo te y especias.

Los comerciantes, más listos que el hambre, saben que no hay nada mejor como caer bien para vender más; y muchos se centran en los posibles clientes españoles. ¡Incluso uno me sacó un cachirulo cuando le dije que era de Zaragoza!


Junto al Bazar de las Especias hay muchos más comercios y se suelen juntar por gremios. Por ejemplo, justo a la izquierda –mirando desde el puerto- se encuentra un bazar de animales en donde puedes comprar gallinas, peces, perros o sanguijuelas –simpático animal-.



Antes de llegar al Gran Bazar pude ver la mezquita de Suleimaniye, en cuyo cementerio se encuentra el mausoleo del sultán Suleymán el Magnífico, el más rico y podersoso del Imperio otomano. También echamos un vistazo a la universidad de Estambul en la plaza de Beyazit (desde fuera del recinto, no dejan entrar turistas), que tiene unos jardines que ya los quisiera cualquier estudiante para fumarse clases; y una puerta de entrada imperial. ¡Fue fundada en el año 1453!


Vámonos de compras al Gran Bazar, uno de los bazares más grandes del mundo con 58 calles y 4000 tiendas. Aquí no solo se puede comprar, sino también comer, tomarse un te y antiguamente hospedarse en un caravanserai; uno de esos sitios en donde los comerciantes podían aparcar el burro a mitad de viaje y descansar un rato. Un micromundo en el que tanto comerciantes –de entrecejo y bigote frondosos- como compradores agudizan el ingenio para timar y no ser timados respectivamente. Normalmente hay que regatear y a ellos les gusta bromear en español, así que el regateo se hace entre risas. Mientras caminaba por esta galería me dijeron todo tipo de cosas, si es que son unos cachondos estos turcos:

-“Holaaa, ¿quieres comprar tonterías?”

-“Aquí engañamos menos”.

-“¿Quieres gastar tu dinero aquí?”

-“Aquí estuvo la niña de Rajoy”

-“¡Holaaa Mari Carmen!”


Cayó algún bolso y el collar de rigor que compro en cada viaje.

Esa noche mi hermano cumplió tisieeete una hora antes de lo habitual y el viaje llegaba a su final –y rima-.


Por la mañana teníamos poco tiempo antes de tomar el vuelo a Zaragoza y dimos una vuelta por la zona del hotel hasta llegar a la iglesia de San Salvador de Chora. Una iglesia bizantina construida en el año 413. Por el camino veíamos edificios destrozados, escombros como si nadie se fijara en este lado de Estambul, pero no faltaba su mezquita.



sábado, 7 de febrero de 2009

MI VIAJE. PREPARATIVOS Y PARTICIPANTES

Este viaje, el más largo que he hecho se puede dividir en dos partes.


La de India y Nepal y la de Centroeuropa. En total, dos meses.
Para leer directamente, pincha en la ciudad que te interese a continuación.

1 La Parte por Asia comprende los siguientes destinos: Bombay (Bollywood)-Gujarat-Udaipur-Jaisalmer-Jaipur- Agra (Taj Majal)-Delhi-Varanasi-Gorakhpur-Katmandú y Pokhara.
Con Qatarairways compramos billetes i/v Londres-Bombay, pasando por Qatar y haciendo una visita por la capital. Además tomamos dos vuelos Kathmandu-Varanasi y Varanasi-Bombay(Mumbay) con Indian Airlines.


Ver Viaje post carrera en un mapa más grande
2. La parte por Europa comienza con la llegada a Londres desde Qatar. Después de Londres nos vamos a Cracovia con Ryanair, de ahí a Budapest-Viena-Bratislava-Ceske Budejovice-Pilsen y Praga.
Con SkyEurope de Praga a Bruselas.
Finalmente con Ryanair de Bruselas a Zaragoza.
La parte de la India, básicamente con trenes.
La parte de Europa, sobre todo con autobuses: Eurolines y Student Agent. Interrail no me salía rentable.
En el mapa del mundo he puesto el itinerario, para que no sea tan lioso, lo que se ha viajado en avión está con una línea curva y lo que se ha recorrido por tierra, es una línea recta.





PARTICIPANTES
India y Nepal:
Asun
(Elche), Guillermo (Bilbao), Andrés (Ibiza) y yo (Zaragoza). Nos conocimos en la Ruta Quetzal BBVA de 2003, que pasaba por Puerto Rico y República Dominicana, así como por buena parte de España.



Europa:
Inés2 (Pamplona) y yo, Inés1, jeje. Estudiamos juntas Comunicación Audiovisual y viajó conmigo a Alemania en abril de 2008.




PREPARATIVOS:

India y Nepal:

-Visado para la India. Como ninguno de nosotros vive en Madrid, lo hicimos por correo. En embajadaindia.com explica bien cómo hacerlo. Viene un formulario, se imprime, se rellena, etc. Con cuidado de poner “múltiples entradas” por si se quiere ir a Nepal o a algún país vecino. Cuesta 50€.



-Salud. Para ello acudí al Centro de vacunación Internacional de Zaragoza. Me pusieron un montón de vacunas: cólera, hepatitis, tifus, fiebre amarilla, incluso me pusieron la de polio -yo pensaba que eso era una infusión-, pero no es muy necesaria. No hay una vacuna propiamente dicha para la malaria. Seguí un tratamiento diario a base de Doxiclat en pastillas, que al ser una especie de antibiótico, también te protege de otras infecciones. Y la verdad es que sólo enfermé un día. Cómo no, llevad también Fortasec, suero, antimosquitos y lo que cada uno tome contra el dolor de cabeza. Conviene llevar tapones de oído, cojín de cuello y antifaz (lo que yo denomino como el “kit de autismo”), para poder dormirse en cualquier sitio, pues a veces es inevitable dormir en un tugurio infecto.

-Dinero: lo que cueste el vuelo, en nuestro caso 450 i/v. Para estar un mes por la india, unos 600€, eso derrochando bastante. No hace falta cambiar en España.



-Mochila: mejor si es pequeña, porque habrá que cargarla. Unos 10kg. Contenido: sandalias todoterreno (de esas que llevan los alemanes con calcetines), ropa de manga larga de algodón, crema solar, saco sábana, mosquitera (opcional), bolsas de plástico, mejor paraguas que chubasquero y un forro polar para los trenes con el aire acondicionado muy fuerte. La ropa ahí es barata, sobre todo si se regatea; así que mejor llevar la mochila medio vacía para poder llenarla en la India.

-Para guiarse. Cualquier guía. Yo llevé la de “India del norte y Nepal” de Ramiro A. Calle, que es un señor muy majo al que le encanta la India, y es profesor de Yoga en la Universidad Autónoma de Madrid.



-Para informarse antes. Nos gusta soñar con ese viaje que vamos a realizar y algunas empezamos a viajar mucho antes, hablé con personas que habían viajado a la India o a Nepal, me leí la revista Conde Nast de la India, entrevisté para la Universidad de Navarra a una fotógrafa que había hecho una exposición sobre la India, leí “La ciudad de la alegría”, la breve autobiografía de Asha Miró y “La flor de Loto”, vi la película “Ghandi” y documentales de la India bajados de Internet (espero que no me detengan por esto). Eché horas en Internet leyendo mil blogs de viajes a la India, páginas sobre Nepal y viajé virtualmente por el Google Earth por muchos caminos diferentes. No es mucho, pero teniendo en cuenta que los preparativos coincidieron con mi último cuatrimestre de la carrera, aún le pude dedicar tiempo. Es complicado decidir un itinerario por este subcontinente, siempre parece que tenemos menos días de los necesarios, además, las distancias son muy largas y los trenes muy lentos. Mejor no reservar hoteles y cogerlos sobre la marcha, porque es normal desviarse unos días del itinerario previsto.

-Imprescindible. Armarse de paciencia, tener en cuenta que nos vamos a meter en un país y en una cultura que no son los nuestros y no tenemos por qué enfadarnos si no nos gusta lo que nos encontremos. Los indios son muy pesados y la estafa y la mentira al turista es un deporte nacional, pero también tenemos la opción de quedarnos en casa y no sufrirlo.
No dar limosnas a niños. Sí a personas con discapacidades físicas, porque ellos no podrán valerse.
El gobierno indio está dando muchas ayudas para escolarizar a los niños, así como también hay organizaciones que alimentan y educan a los niños. Si un crío está mendigando, y un turista le suelta pasta. Sus padres ya no verán la necesidad de enviarle al colegio, porque el niño es más útil pidiendo dinero. Lo más difícil para educar a un niño indio, no es que éste se siente a estudiar; sino que sus padres quieran que él estudie. Así de triste. Este país sigue siendo el más pobre del mundo en cuanto a porcentaje y con una tasa de analfabetismo que, en algunas zonas, llega al 80%.
Por otra parte, este país tiene mucho que ofrecer al viajero y se requiere ser bastante flexible. Dejarse llevar en ocasiones, para vivir situaciones gratificantes, divertidas, emocionantes. Si viajas a la India, aunque sea sólo un mes, aprenderás tantas cosas, que es inevitable “volver cambiado”. Una parte de ti se quedará ahí y nunca olvidarás tu viaje a la India.
¡Buen viaje!