
A Ganesh ya le vale, que viaja más que yo. Para los que no lo conozcáis, suelo hacerle una foto en la capital de cada país que visito, pero esta vez se ha ido sin mí.
Foto enviada por mi padre.
BLOG DE VIAJES Vivir en la tierra es caro pero ello incluye un viaje gratis alrededor del Sol cada año.









[artículo patrocinado] Actualmente es un sueño hecho realidad para todos aquellos a los que les gusta callejear y aprender, sentir y experimentar nuevas experiencias.
Los viajes a Marrakech nos pueden dejar cansados de tanto caminar por palacios, mezquitas, jardines, etc. Pero hay unos hoteles y riads en Marrakech en donde poder descansar cómodamente.
Entre las muchas excursiones Marrakech que se pueden llevar a cabo, durante la instancia en esta, destacar la escapada al Sáhara, poder ver cómo el sol sale en Marrakech y una muchedumbre invade las calles de la medina, es una imagen inolvidable. Pero si eres más aventurero, siempre peudes recorrer kilómetros de arena subidos a camello.
El clima tan frió y lluvioso proporciona una espectacular naturaleza y los paisajes más impresionantes que se pueden encontrar a tan solo dos horas de Marrakech.
El exotismo marroquí de la antigua ciudad imperial de Marrakech, permite disfrutar en cualquier momento y lugar del hechizo con el que la ciudad y aquellos que rodean esta, atienden a sus visitantes.
Una buena página para buscar hoteles en Marrakech.







Me acomodé en la cubierta y conocí a un portugués que se llamaba José. Me contó que se había enamorado de una chica de Riga. Que estaba incluso dispuesto a mudarse a la capital letona. En cambio, la moza le había dicho que ya había tenido una relación a distancia y que no quería volver a repetir aquella experiencia. José estaba realmente obsesionado por la letona, decía haber encontrado por fin a La mujer. También me contó que había cambiado su itinerario de viaje por ella.
El amigo de José dormía como un tronco.
Creo que cuando un pensamiento te ronda la cabeza constantemente y no tienes con quién hablarlo, se lo cuentas a cualquiera (me dijo que su compañero siempre se dormía). En ese caso fui yo la que estuve las 2,5 horas del viaje escuchando su culebrón.
A ver cómo acaba la historia, me pareció que no pintaba muy bien...

Llegué a Helsinki y me agencié con un mapa de la ciudad, me alegré de ver que la calle Hietamientaku estaba bastante cerca del puerto. Ahí vivía Markus, el chico de couchsurfing que me iba a hospedar unos días. Hacía calor y estaba cansada, así que me paré a descansar en un parque –un cementerio, en realidad-.

Markus vivía en una residencia de estudiantes, que en verano se convertía en un hostal para viajeros.
Subí a su habitación y me saludó efusivamente en un perfecto español. Le obsequié con jamón serrano, pero una vez más me había buscado un couchsurfer vegetariano (es la 4ª vez que me ocurre), saqué el plan B: Vodka de Estonia. Como en Finlandia el alcohol es muy caro, sí que fue bienvenido; por ejemplo, una cerveza en el supermercado cuesta 2€. Los impuestos del alcohol son muy altos para que la gente no beba tanto, medida que no funciona.
Markus venía de hacer yoga y estaba leyendo una guía de viajes de
Me explicó que Brasil es lo contrario a Finlandia. Ahí, la gente está siempre en la calle, hay mucho contacto físico y siempre se acoge bien al que viene de nuevas.
En cambio en Finlandia la gente ni se saluda por los pasillos o los ascensores de la residencia, les cuesta socializar y cuando alguien llega nuevo, se le ve como una amenaza para el grupo. Además, el 50% de las mujeres entre 18 y 26 años toman antidepresivos. Estamos de acuerdo en que deberían recetar viajes a Brasil en vez de drogas.
Vivió en Río y en pleno Amazonas. Me contó que admiraba a su gente. Tenían mucho silencio y maneras diferentes de comunicarse y entender el mundo. Se sentían parte de la naturaleza y no un usuario de ella.
“Qué interesante es hablar con Markus” –pensé-.
También me relató alguna anécdota como que le propusieron hacer de Jesús en una obra teatral. ¿Por qué tienen una idea de Jesús como un tío rubio de pelo largo?, ¡Eso es imposible!- me dijo.

Al rato llamó alguien a la puerta, era un francés, también de couchsurfing. Glaciólogo que estudiaba el cambio climático.
Como curiosidad; Markus había tenido una experiencia chamanística en el Amazonas en la que se vio como el hombre de hielo, motivo por el que aceptó de inmediato la solicitud del francés.
Le pregunté por qué hay tantos somalíes en Helsinki.
Es una de las mayores minorías en Finlandia. Había muchos refugiados somalíes en Rusia, pero cuando cayó
-Mira por la ventana, ese señor lleva meses sentado solo en ese banco. Me parece un ejemplo de la diferencia cultural, él seguramente es somalí y ellos siempre aprovechan más los espacios públicos como los parques, nosotros nos quedamos en nuestras saunas.
Nos fuimos los tres al sótano. Cuando los estudiantes dejaban la residencia, aquí se almacenban los objetos que éstos habían dejado. Me agencié un gorro muy calentito y una cazadora. ¡Había hasta un piano!
Nos pusimos a jugar a un futbolín que algún estudiante había abandonado. Era como estar en un mercadillo, pero gratis.
También subimos al tejado para ver Helsinki de noche.
-Mira, ahí actuará Madonna el jueves, yo lo escucharé en la otra orilla del río, que paso de pagar entrada.
Me doy cuenta de que Madonna y yo llevamos la misma ruta.
-Qué suerte habéis tenido con el tiempo, este calor sólo lo hace dos semanas al año.-Nos dijo Markus.
Al día siguiente me fui a ver la ciudad mientras él estaba en la biblioteca. No hay mucho que ver, es una ciudad pequeña, sólo 560 000 personas viven en ella. Es de esperar, pues aunque Finlandia sea un gran país en cuanto a extensión, sólo tiene 5 millones de habitantes. La mayor parte del territorio está despoblado y cubierto de bosques y lagos; lo que le ha dado el apodo de “El país de los lagos”.

-Kauppatori, un mercado en el puerto en el que encontrar productos samis, puestos de comida y desde dónde se toma el ferry a la isla de Suomenlinna, a la que le dedicaré un post aparte.

-Junto a Kauppatori, la catedral ortodoxa Uspenski. Está construida con ladrillos rojos y tiene 13 cúpulas doradas que representan a Jesús con sus discípulos.

-Senaatintori o Plaza del Senado, cuyo monumento más destacado es la catedral luterana Tuomiokirkko.

Junto a ésta vi un cartel que mezclaba Helsinki con Pamplona utilizando el Tuomiokirkko y los toros. Alucinógeno.

-La avenida Esplanadi, llena de cafeterías, bandas de música, etc. Mirad que serias están las finlandesas con las que me topé.

-Kiasma, el Parlamento y Kansallismuseo o Museo nacional.

-Un paso de cebra curioso.


- El Kaivopuisto Brunnsparquen.
Aquí se encuentra el mayor número de barnaclas cariblancas, un ave que se ve por Helsinki campando a sus anchas. Perdonad mi ignorancia, en el momento de hacer el vídeo no tenía ni idea de qué tipo de ave me había encontrado. En el colegio deberían enseñarnos más sobre aves y árboles, que luego no salimos del gorrión y la paloma; el pino y la palmera.


Al sur del parque se encuentra el Mar Báltico; mientras que al norte zonas residenciales, en donde se encuentran numerosas embajadas extranjeras. Me di un paseo por esta tranquila zona en la que los jardineros me saludaban con una gran sonrisa.

El tercer día, me fui al parque nacional de Nuuksio porque me lo recomendó Markus –no salía en mi guía-. Me dijo, "si quieres ver paisajes típicos finlandeses, basta con que tomes un bus y en media hora estarás entre bosques y lagos". A este lugar también, le dedicaré otra entrada.
Me había avisado de que ese día llegaría a las dos de la noche y me dejó las llaves por si quería salir por la noche.
Tras siete horas caminando por Nuuksio, volví a Helsinki y sorprendentemente no estaba cansada, el buen tiempo y el aire limpio me habían sentado bien.

-Ese tío me ha dicho que precisamente por eso no le gustan las personas, porque hacen muchas preguntas. Lo peor de todo es que huele a rayos- Comentó el italiano.
Vaya suerte de compi.
Los dos llevábamos un itinerario muy parecido (como Madonna). Decidimos ir a tomar algo por ver qué se cuece en Helsinki de noche pero no con muchas pretensiones, por lo caro que son las cosas.
Cuando salimos del hostal, vimos a su compañero de cuarto tomando fotos de un coche de policía; raro, raro, raro…
Probamos suerte en algunos de los bares de estudiantes cercanos a la estación. Nos pedimos una cerveza y sólo nos costó 1,80. ¿Qué barato para ser Finlandia, no?
Pues no, se trata de una cerveza que casi no tiene alcohol. La normal cuesta más.
Después fuimos a la zona norte y Emiliano me maldijo por hacerle caminar tanto –no suelo utilizar el transporte urbano, porque el camino ya me parece interesante-. La zona de Kallio es más barata pues se conoce, o bien por ser la zona bohemia, o por ser un barrio de mala muerte. Esto último no nos lo pareció en absoluto, será que cualquier barrio de una ciudad española o italiana tiene peor aspecto que una mala zona de Helsinki. Aquí pudimos tomarnos algunas cervezas a precio normal pero cerraron muy pronto, hacia las dos.
Por el día se pueden visitar galerías de arte en Kallio y respirar un ambiente menos pijo que en el centro.
Vamos, que en Finlandia “hay de to”.















