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miércoles, 4 de febrero de 2009

VADODARA (Baroda), visitando españoles


El padre Joaquín nos trajo un amigo que iba a ser nuestro chófer durante el día. Un hombre bajito y sonriente que únicamente hablaba gujarati, por lo que la comunicación fue complicada. El viaje por la carretera que une Ankleshwar y Vadodara fue un tanto curioso.
Entre los camioneros había un duelo de horteras; a ver quién tiene la melodía más estrambótica como bocina. Se parecían a ciertos sonidos de las ferias pero con bastantes más tonalidades y repitiéndose una y otra vez. Estoy segura de que a los indios no les molesta ningún tipo de ruido que se pueda encontrar en este planeta.
Junto al camino estaban los edificios más estrambóticos que he visto. Tenemos un concepto de la belleza distinto al de los indios; para ellos, cuánto más recargolado y colorido sea algo, mejor. ¿Para que utilizar un color, pudiendo usar todos? El colmo fue un "Hotel Hilton" que vimos. No es broma, el edificio se llamaba Hotel Hilton, que no era más que una casa rosa, lila, azul y amarillo, con columas griegas.
En cuanto legamos a Vadodara nos vimos inmersos en un ruidosísimo tráfico.



En la primera parada, una residencia de enfermos terminales, estuvimos hablando con un cura navarro, el mayor de los siete jeuistas que están en Gujarat. El hombre era muy dado a los juegos de palabras, incluso en gujarati, y me preguntó (por haber estudiado en Pamplona) si yo era del Opus. Le contesté que no y su respuesta fue:

-Entonces eres de la Opusición.

Nos contó que llegó aquí cuando tenía 17 años, sin saber inglés ni gujarati. Había estado alguna vez en España, pero sólo aquí se sentía en casa y ahora que le quedaba poco tiempo de vida, no se iba a mover de la India. Nos contó que cuando vinieron a la India en avión, cenaron en Roma, desayunaron en Israel...
Después fuimos a un colegio y nos recibió Luis, un cura de Zaragoza. Me preguntó por la Expo.
Esta es su casa, el lugar que da sentido a sus vidas, y que sin ellos sería difícil que esta zona pudiera progresar.
Tras esto, nuestro sonriente chofer nos llevó a un restaurante, quizá el más picante del mundo. Experimentamos una digestión de tipo trifásico. Notas la comida al comerla, al digerirla y al final…

Terminamos la visita a Vadodara en el parque del Maharajá. Mucha vegetación, flores y un río; de pronto escuchamos un rugido extraño a lo lejos. Le pregunté como pude a nuestro sonriente chófer de qué se trataba:

-Elefant?
-Mmmm

(Rugido)

-Elefant?
-No, no… Tiger!