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martes, 13 de enero de 2009

GORAKHPUR o El culo del mundo (India)



Gorakhpur es una ciudad de paso para aquellos que pretenden llegar a Nepal por tierra, y realmente, es un lugar como para pasar de él.
En el trayecto en tren de Varanasi a Gorakhpur tuvimos una anécdota culinaria (que no sería la única del día). Teníamos hambre como para comernos un elefante y cuatro yaks, pero justo ese día no pasaba ningún vendedor de comida por los pasillos del tren.

A un hombre que viajaba en el tren le pregunté si no había vendedores ambulantes. No sabía inglés, entonces le hice el gesto de comer. Él, por gestos también (enseñándome el reloj que llevaba su teléfono móvil), me dijo algo así como que dentro de tres cuartos de hora subirían comida. No sé cómo lo entendí, pero así fue. El hombre llamó a alguien intercambiaron unas incomprensibles palabras en hindi y me dijo que esperara en mi asiento –a su manera-.

Efectivamente, tres cuartos de hora después subió su colega, aprovechando una breve parada del tren, con cuatro bandejas de comida y agua que le pagamos con mucho gusto, claro que hubo que hacerlo muy rápido porque si el vehículo arrancaba, el pobre cocinero iba a ser trasladado a vete a saber dónde. Picaba muchísimo pero nos había salvado la vida.


Llegamos a Gorakhpur y nos volvimos a encontrar una escena que por más que se repitiera, no dejaba de sorprendernos. Cientos de personas dormían en la estación. Tanta gente había, que muchos ni siquiera cabían dentro. Nos juntamos con los suecos que iban en otro vagón y buscamos hotel. Tras entrar en un par de ellos en los que nos pedían un dineral llegamos a uno más barato, el Budda Hotel.

Conversación con el recepcionista:
-¿Cuánto cuesta una habitación para cuatro personas?
-1000 rupias.
-¡Pero si en ese cartel pone 400 rupias!
-Eeehh… Mmmmh… Es verdad, 400 rupias.

La habitación resultó ser la más mugrienta en la que he estado en mi vida: humedades, bichos, retrete asqueroso. Empata con un hotel en el que estuve en Phuket (Tailandia) en el que había tanta humedad que costaba respirar.
Inmediatamente después nos fuimos a buscar algún lugar en el que tomar cerveza.
Por el camino nos encontramos este cartel. ¿Qué significa? Nadie nos lo supo explicar. Quizá pusieron “Esvástica” y “armas” en google imágenes y les salió esto. ¿A nadie le importó que pusieran una esvástica nazi en vez de una hindú?

Nos sentamos en un bar y preguntamos por cerveza.
-No tenemos, pero os las podemos traer. ¿cuántas queréis?
-Una para cada uno… 7 cervezas.
-Vale, pero como son más de las once y la tienda está cerrada os tengo que cobrar más.

A ver si lo entiendo; si pagamos más la tienda está abierta, o es que el comercio sólo está mediocerrado. En fin, otro timo, pero accedimos.
Nos las trajeron junto con un plato de cebolla cruda. Esto me recordó a un capítulo de Mr. Bean en el que visitas inesperadas llegan a su casa, y les saca como tentempié un plato de cebolla que ninguno puede comerse. La realidad supera la ficción porque nos quisieron cobrar por esto y en la factura ponía “ensalada”.


Fuimos a otro bar e hicimos lo mismo de la cerveza. Christian pesaba demasiado para estas sillas indias. Vi cómo las patas de su silla fluctuaban hasta quedar aplastadas cada una hacia un lado y el pobre sueco se pegaba una galleta descomunal. La primera reacción es reírse, después se mira si está bien; después uno se vuelve a reír.
Nos vino el dueño del bar a pedirnos 2000 rupias por la silla, algo insultante, pues todas las sillas tenían algo roto y, desde luego, no valen tanto; y tuvimos que discutir durante casi media hora con un montón de gente para no tener que pagar ese dineral.
Al día siguiente nos levantamos para coger el bus que lleva hasta la frontera de Nepal. Vimos un autobús en marcha, lo paramos y preguntamos a dónde iba. Casualmente se dirigía a Sunauli. Tuvimos suerte, porque no nos hubiera gustado tener que pasar otra noche en Gorakhpur.